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La reducción de emisiones de CO2

La emergencia climática está haciendo que Naciones Unidas apelen a establecer hojas de ruta que garanticen una reducción eficaz de las emisiones de CO2 en el corto plazo y establecer mecanismos compensatorios para neutralizar las que resulten inevitables, de tal modo que el nivel de emisiones contaminantes en 2050 sea cero.

El Informe de la unidad de Inteligencia de Energía y Clima y Oxford Net Zero, muestran que el 61% de los países se ha comprometido al cero neto. Pero la realidad es que solo la quinta parte de las 2.000 empresas más grandes del mundo tienen asumido compromisos netos cero, según dicho Informe. Tampoco se presenta una descripción detallada de los planes de reducción de emisiones ni de las medidas concretas para mitigar los efectos de las emitidas. Según datos de Red Eléctrica, España redujo la emisión de CO2 en 30 millones de toneladas en los últimos cinco años. Concretamente en 2020 se redujeron dichas emisiones de efecto invernadero en 14 millones de toneladas, lo que representa un porcentaje de descenso del 27% con respecto al año anterior. Esta reducción se debió en parte a la bajada de la demanda por efecto de la pandemia, calculado en un 5,7%, otro 12,9% se debe a las energías renovables y por último, a la sustitución del carbón por gas.

Pero no nos engañemos. Estamos acumulando datos que evidencian que con las medidas actuales no es posible limitar el calentamiento global a esa hipotética subida de 1,5 a 2 grados que se habían marcado como objetivo para mitigar los terribles efectos negativos que ya estamos sufriendo.

A la salida de EE UU del Acuerdo de París, (aunque ahora vuelva), el incumplimiento por parte de China de respetar dicho acuerdo y la falta de cumplimiento de la ayuda prometida a países poco desarrollados para que afrontasen la reconversión energética, se convirtieron en factores que impiden cumplir con la reducción de emisiones de CO2. De ahí la advertencia de la ONU sobre las realidades de incumplimiento del Acuerdo de París y el nulo valor de las enfáticas y ambiguas declaraciones que con grandilocuencia hacen los responsables políticos.

Si añadimos los costes asociados a las medidas de transición ecológica, tenemos otro problema asociado; pero no es el único, porque las políticas de la UE, siguiendo las imposiciones a Rusia por intereses de los EE UU, hacen que ahora tengamos dificultades para la obtención de gas ruso en cantidad suficiente y, eso por dos razones, el freno a los gaseoductos de suministro a la UE y el compromiso de suministro de Rusia a los países asiáticos. Por otro lado, las malas relaciones entre Argelia y Marruecos nos van a limitar el suministro de gas a España, porque perdemos el suministro del gaseoducto que atraviesa Marruecos.

Estas son razones de índole geoestratégica que condicionan los precios y la cantidad de suministro de gas a España y al resto de Europa y que, a su vez, disparan los precios del gas natural cuya cotización aumentó más del 130% desde comienzos de septiembre, según publica Independent Commodity Intelligence Services.

Tanto la escasez de suministro de gas como la subida de su precio vienen a encarecer la energía eléctrica y contribuyen a la crisis energética actual que está afectando a todos los sectores de la economía y a la sociedad en su conjunto, hasta el punto de que no solo habrá desabastecimiento de energía sino que para muchos hogares será un precio inalcanzable.

Se prevé un invierno muy difícil para todo el mundo, pero sobre todo para Europa. La crisis energética que se avecina, entre la escasez y el precio del gas y el petróleo están haciendo que se vuelva a recurrir al carbón, cuyo precio también se dispara. Y no olvidemos que el carbón es una de las energías fósiles provocadoras de la emergencia climática

Nos encontramos por tanto en una situación que afectará muy negativamente tanto a la economía, a la industria y al desarrollo de energías limpias, como a la vida de las personas, a la protección del medioambiente y al freno al calentamiento global.

Pero si no estamos dispuestos a asumir los costes de las políticas para reducir los daños del cambio climático, (como inundaciones, sequías, incendios, deshielos de los casquetes polares, destrucción de las costas), ya podemos ir preparando los planes de contingencia para lo que se avecina. Y deberíamos ir exigiendo a nuestros políticos que hagan un verdadero esfuerzo para dirigir un debate sobre los verdaderos y graves problemas que se nos vienen encima y para los que urge una solución realista.

Ni la crisis energética ni la escasez de recursos permiten continuar con proyectos de desarrollo anclados en el pasado y basados en el crecimiento continuo. Eso ha quedado claro en la conferencia sobre "Crisis energética" que desarrolló Xoán Doldán ayer en el CICLO DECRECEMENTO, organizado por el Ateneo Atlántico de Vigo y la Rede para o Decrecemento Eo-Navia, Galiza, O Bierzo. Un ciclo de conferencias que cuenta con un plantel de personas investigadoras y expertas en las amenazas que nos conciernen y las posibles alternativas a tomar frente a ellas.

Cuando nuestra vida depende de ello, estaría bien implicarse en el diseño del modelo de sociedad que queremos, pero eso requiere que estemos bien informados para que podamos pensar con perspectiva y criterio propio sobre los asuntos que nos atañen y cuáles pueden ser las mejores alternativas para afrontarlos.

La reducción de emisiones de CO2
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