Opinión

Amores ajenos

San Valentín es el santo más romántico con diferencia, y será porque era un amor con los romanos —católicos— que iban a morir. Sí, originalmente, dicen que fue un sacerdote que acompañaba a los creyentes de esta fe en el martirio y la muerte. 

A veces es mejor no saber según qué cosas, porque cortan el rollo. Así que vamos a obviarlo, y pensemos en Cupido idealizado como un querubín rechonchete —parece sacado de un cuadro de Rubens— y su arpa llena de flechas, dispuesto a hacer alguna que otra travesura. 

Solo así se explica esa famosa frase que resuena muchas veces en nuestra cabeza y que se resume en tres palabras y dos interrogaciones: "¿Que le verá?". 

Confiésenlo, les ha pasado. A mí ya les digo que sí. Es más en algún caso vaticiné que alguna que otra pareja no iba a durar ni un telediario y saben qué: no valgo para pitonisa. Mejor me apunto a las listas del paro. 

Es evidente que con las cuestiones del amor es mejor no meterse porque ya les digo... salen perdiendo. Es mejor acogerse al voto de silencio que meterse en tamaño berenjenal. Incluso aunque se lo pidan. 

Siempre te plantean la misma cuestión: "Si supieras que mi novio/ marido me es infiel, ¿me lo dirías?". Pues no. Si me hubiesen hecho esta pregunta a los 18 contestaría que sí sin dudarlo, pero con el paso de los años cambias, y vas mayor para esos follones. 

Quién sabe, a lo mejor tu amiga viva mejor sin saberlo, quizás se trató de la aventura de una noche, quizás lo perdonaría, pero quizás nada volvería a ser igual para ellos... y yo no quiero eso bajo mi conciencia. 

A lo peor, mi amiga se entera, se cabrea y me retira la palabra. Difícil dilema, pero en las cosas del amor (ajeno) mejor poner de por medio la Línea Maginot. Y ya saben, hoy paz y mañana amor. Y de fondo que suene Fly Me To the Moon, de Sinatra, please.

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