Opinión

El Cordobés

Manuel Benítez y Manuel Díaz. INSTAGRAM
photo_camera Manuel Benítez y Manuel Díaz. INSTAGRAM

Me gustan los finales felices. Y la foto de El Cordobés, padre e hijo, es uno antológico, que se hacía esperar desde hacía 54 años. A lo largo de toda su vida este chaval ha visto cómo su progenitor —del que es físicamente un clon, más que cualquiera de sus otros vástagos— lo ninguneaba, negando la filiación, y rechazando cualquier intento de acercamiento.

El vox populi siempre le echó la culpa de ese distanciamiento a la exmujer de Manuel Benítez, Martina Fraysse, y madre de los otros cinco hijos del torero. Siempre ha sido la mala de la película, ha sido la madrastra de este cuento de Cenicienta con protagonista masculino. Cierto o no, todos los hechos se han desencadenado desde su divorcio en 2016.

Manuel Díaz ya ganó el juicio que le permitiría ponerse el apellido Benítez y llevarse una tercera parte de la herencia el padre. Ocurrió hace cinco años, pero no ha hecho tal, ni se ha puesto el apellido —de momento— ni quiere la herencia, aunque sería suya por ley. No la quiere, o eso ha dicho. Él también ha hecho fortuna propia, no necesita el dinero del Califa del Toreo.

Ha conseguido Manuel Díaz otros dos hitos personales más valiosos que el dinero: la victoria legal, que reconoce la paternidad tantos años negada, y la moral, que restituye la credibilidad a su historia y a la que en consecuencia le contó su madre. Aunque en este caso creo que nadie tenía dudas al respecto. 

Su batalla ya ha terminado, con final feliz y reconocimiento público. Y es curioso: nos alegramos sin conocerlo en persona, ese es el poder de la imagen. 

A buen seguro que Javier Sánchez Santos mira la estampa con envidia, de la sana. Él tiene una historia parecida, mismo abogado —el sevillano Fernando Osuna— y un padre famoso. En su caso Julio Iglesias. Una prueba de ADN demostró que entre él y Julio José había un vínculo genético del 99%. Y aún así no ha ganado.

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