Opinión

Leonormanía

LOS ESPAÑOLES no hemos visto, casi, crecer a Leonor, llamada a ser la futura jefa de Estado en sustitución de su padre, Felipe VI. Durante 18 años las apariciones de la heredera se han producido a cuentagotas, con el objetivo, decían, de que tuviesen una infancia normal. Algo, evidentemente, harto difícil, por no decir imposible.

Por la sencilla razón de que ella no es una chica corriente y moliente: para empezar y acabar es la única que tiene el futuro predeterminado desde su nacimiento. En teoría, será la próxima jefa de Estado, si los republicanos no se salen con la suya, y eso solo el tiempo lo dirá.

Sea como fuere, ella está inmersa en su preparación todoterreno que incluye pasar por los Ejércitos (Tierra, Mar y Aire), estar embarcada en el Juan Sebastián Elcano durante unos meses –¿se imaginan que es una persona propensa a marearse?– y cursar una carrera universitaria. Pero no una cualquiera.

Tendrá que estar enfocada al Derecho, la Economía o la Política, no será como lo fue para los demás una decisión individual. Qué va. Queda descartadísimo, por supuesto, que estudie Medicina, Veterinaria, Periodismo, o Aeronáuticas. ¿Para qué? Ninguna es adecuada para el puesto.

Una educación elitista, pero también draconiana, exigente y encorsetada. Todo lo que a ella concierne está estudiado, medido y escrutado hasta el mínimo detalle. ¿Una bicoca? Más bien, no. 

Muchos critican, y no les falta razón, que la monarquía es una institución analógica en una sociedad 5G. Absolutamente de acuerdo, pero para mí son unos diplomáticos muy útiles y respetados a nivel internacional.

Hoy jura la Constitución la mujer que está destinada a ser la tercera mujer en el trono de España, por detrás de Juana la Loca –que fue destronada– e Isabel II, quien murió hace 155 años. Ahora damos por iniciada la Leonormanía. Está por ver si perdurará.

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