Opinión

Metepatas

Meter la pata requiere de un talento innato. No todo el mundo es poseedor de esa cualidad tan dada para digna tarea, aunque evidentemente denostada por razones obvias. Es, en realidad, la metedura de pata un arte en sí mismo que no está lo suficientemente valorado. No se engañen, no todos están dotados para hacerlo con la misma calidad y frecuencia, y, sobre todo, estilo. 

No se equivoquen, si poseen esto último hasta la mayor pifia de su vida parecerá inocua, irrelevante, nimia. Como diría Mourinho, hablo de esas personas que "mean colonia". 

Si usted no es un Guardiola de la vida, se enfrentará en su día a día a situaciones bochornosas, que harán que entone el "trágame tierra" más de una vez, de dos y de tres. Es inevitable.

Son personas, bueno somos seres que tenemos un don, para qué engañarnos, que yo cambiaría por ser un hacha en la Bolsa, por ejemplo, pero mi genética ha ido por otros derroteros. Tenemos la cualidad, por llamarlo así, de meternos en fregaos con una naturalidad increíble. Somos un imán para las meteduras de pata.

Ya sé que no estoy sola (MeToo también en esto). Eso sí, con la práctica desarrollas dos cualidades: relativizar todo (algo harto difícil con un pensamiento rumiante como el mío) y el arte de reírse de uno mismo... a carcajadas.

Lejos de ocultar los defectos tiendo a reconocerlos ante los demás incluso con cierta guasa. ¿Quieren un ejemplo? En una ocasión, víctima de los nervios, el cansancio y el estrés, escribí —agárrense los machos— que este año X la Semana Santa caía en Jueves y Viernes. Como si fue algo excepcional, y no lo establecido.

Esto ocurrió hace más de 25 años, y todavía me sonrojo, pero no pierdo el hábito. Hace unas semanas dije estando muy constipada, antes de entrar al Clavi, que había gente que había quedado obsesionada con las mascarillas. Poco sabía yo que tenía una justo al lado. Ay.

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