Opinión

Overbooking de espías

Nos espían. Bueno, a mí no creo, y aunque fuese así se iban a aburrir soberanamente. Pero no todas las conversaciones son tan insulsas como las mías, centradas básicamente en el ámbito familiar, y las laborales enfocadas en cerrar entrevistas, hablar con jefes de prensa o con mis propios mandatarios. 

De salseo, nada y de cotilleos, menos –esos se hacen mejor en persona, aclaro–. Pero, yo no hablo con Paz Esteban, la directora del CNI, aunque en su día coincidí en una comida con Félix Sanz Roldán. Este general español, exjefe del Estado Mayor de la Defensa, fue el máximo responsable de  Inteligencia entre 2009 y 2019. Vamos, que sabe latín del Corinnagate.

Me acuerdo perfectamente: encuentro de periodistas europeos, en el Eurostars Madrid Tower. Fue un año antes de que él dejase el cargo, y su nombre salía a colación a la par que el de Juan Carlos I y Corinna Larsen un día sí y otro también. 

Y yo pensaba para mis adentros, quién me diese entrevistar a este señor que sabe tanto de nosotros, y de ellos –los que mandan–, aunque posiblemente no me contase nada relevante. Es su trabajo, pensé yo.  

El mismo que ahora tiene Paz Esteban, que se las ve y se las desea con Pegasus. Este caso amenaza con llevar por delante a dirigentes con buena cabeza, pero con mala pata. Espiar siempre se ha hecho (y se hará), al igual que existen cloacas del Estado (y existirán). ¿Acaso el CNI no es un nido de espías? La clave está en que no te cojan saltándote la legalidad.

 ¿Se acuerdan de Manglano? Entonces se llamaba Cesid –hicieron como con Gran Hermano, le cambiaron de nombre al programa y siguieron a lo mismo–. Entonces se espió a políticos, periodistas y al Rey, y ahora es la hora de los independentistas, ya saben esos que con legalidad se iban a segregar de España por las bravas. Pero, también, al presidente y a Robles. ¿Será que se espían todos a todos?

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