Opinión

Ser mujer, qué suerte

No elegí ser mujer, la biología decidió por mí en el vientre de mi madre y no se equivocó. Soy lo que quiero ser,  trabajo en lo que me gusta y creo no haber sufrido discriminación por razón de género de forma flagrante. O eso creo.

El machismo que encontré en los círculos en los que me muevo es sutil, no bruto ni preponderante. Está mal visto y la gente se cuida muy mucho de quedar a la altura del betún. Nunca he lamentado ser mujer, ni nunca he deseado ser hombre, pese a ser consciente de que parto con desventaja. Pero tampoco voy a dramatizar: no me he topado con ningún indeseable que me amargue la vida.

Siempre he hecho lo que he querido, cuando y con quién he querido. Estudié la carrera que deseaba –Periodismo–, en la ciudad que quise –Madrid– y vivo de ello. Nunca nadie me puso trabas para hacer nada por ser mujer –incluido subirme a un barco con once marineros para hacer un reportaje–.

Si dijese que no me he topado con conductas machistas, mentiría. Pero también lo haría si dijese que no soy una privilegiada. Mi vida como mujer lo es: haber nacido en Occidente ayuda.

No es lo mismo venir al mundo en Afganistán, donde venden a las niñas con 12 años y a los 16 ya están devaluadas, tal y como me contó en su día Lorenzo Silva durante un encuentro en Samos.

No es lo mismo ser pobre que tener posibles, no es lo mismo criarte con unos padres para los que la educación es un mantra que con otros que pasan olímpicamente.

Hoy es el Día de la Mujer, y si existe es porque hace falta reivindicar su figura. Y con eso ya les digo todo, ojalá no hiciese falta. Entonces viviría en un mundo más maravilloso todavía.

Fui feminista, casi nací me atrevería a decir, sin saber lo que era eso. Mi sentido común me indicó cuál era el camino. El mismo que me lleva a no a ser ‘anti’ hombres, a riesgo de ser tachada de micromachista. Así sea.

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