Opinión

Tapón

"MAMÁ, HE ganado un Oscar". Ke Huy Quan jamás pensó que podría decir esto, pero lo dijo entre lágrimas, delante de la crème de la crème del mismo Hollywood que le dio la espalda hace 40 años.

La misma madre que huyendo de Vietnam, confabulada con el padre de sus ocho criaturas, se repartió a los hijos para huir y darles una oportunidad. Quan se fue con el padre y acabó en Hong Kong.

"Mi vida empezó en un barco, estuve en un campo de refugiados. Las historias como la mía solo pasan en las películas, no pensé que esto me fuera a pasar a mí. Esto es el sueño americano". Y tanto que lo es.

Ha protagonizado una historia de película paralela, distinta a Todo a la vez en todas partes, pero muy real, que daría para uno de esos melodramas alemanes de sobremesa de La 1.

Ke Huy Quan ha vivido una travesía del desierto que se ha prolongado durante 40 años. Un ostracismo que llegó tras ser el niño de moda, robar planos al mismísimo Indiana Jones (Harrison Ford) y ser descubierto con solo 12 años por el genio Steven Spielberg. Lo petó con la segunda entrega de Indiana Jones y con Los Goonies. Y después la nada.

Hasta este domingo. Tapón tenía su Oscar. Y el Dolby Theatre se vino abajo. Y él lloró, y rio y abrazó a Harrison Ford y a Steven Spielberg, sus padres cinematográficos, y a nuestra Ana de Armas. Estaba feliz, como todos, pero él más.

Se acordó de su madre, pero sobre todo de su mujer, Echo, que durante la travesía del desierto le repitió el mismo mantra: "Algún día llegará tu momento".

Es una de esas frases que parece sacada de un guion del Hollywood dorado, el mismo donde Tony Curtis y Janet Leigh levantaban suspiros a su paso con sus dos hijas, Kelly y Jamie Lee. Guapísima y elegantísima, levantó esta su Oscar emocionada: "Mamá, papá, acabo de ganar un Oscar". Ellos nunca lo lograron.

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