Opinión

Un crack

No VI ganar a Santana en Wimbledon por razones obvias –no había nacido todavía en 1966–, pero sí recuerdo cuánto sufrí con el primer triunfo en el All England Club de Nadal frente a Federer.

Aquel día de julio, en mi casa de Espasante, mi familia me dejó sola en el salón para que sufriese a gusto. La agonía se prolongó durante 4 horas y 48 minutos, en la que solo mis sobrinos eran capaces de tranquilizarme con su fe absoluta en la victoria.

Al final, tras dos derrotas consecutivas en el mismo escenario y ante el mismo rival, Nadal levantó la Challenge Cup. Ese partido, que terminó con un antológico 6–4, 6– 4, 6–7(5–7), 6–7(8–10) y 9–7, está considerado por los expertos y los aficionados como el mejor partido de tenis de la historia.

Aquel día, poseída por una alegría desbordante, invité a chupitos a amigos y vecinos. Fue sencillamente genial, solo quizá igualada con la final del Open de Australia ante Medvedev, al que
rompió literalmente en Sídney con un brutal 2-6, 6-7 (5), 6-4, 6-4 y 7-5.

Nadal, siempre en compañía de Federer y no tanto de Djokovic –es buenísimo, pero no me cae bien como jugador–, me ha proporcionado algunas de las horas más felices de mi vida. Sin duda.

Ahora está tocado, espero que no hundido, pero ya tiene sucesor con mayúsculas: Carlitos Alcaraz, que después de la machada del domingo ante Nole ya le podemos quitar el diminutivo.

Ese chaval de El Palmar, que está destinado quizá a superar a Nadal, Federer y Djokovic, es puro desparpajo. Cae bien, es simpático, sincero y encima juega de una forma impropia para su edad.

En eso se parece también al mallorquín, que ganó con solo 19 años su primer Grand Slam, cómo no, Roland Garros –ha ganado catorce desde 2005 hasta 2022–. No le queda nada a Alcaraz.

Como le dijo a Djokovic el domingo: "Ganabas títulos cuando yo no había nacido". Un crack