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El alcalde agridulce

Lores, subido a una caja de cervezas, dirigiéndose en la noche electoral a los militantes. GONZALO GARCÍA
Lores, subido a una caja de cervezas, dirigiéndose en la noche electoral a los militantes. GONZALO GARCÍA

EN LA rúa Marquesa, frente a su sede, Lores y su equipo celebraban lo que todos los medios han calificado como una "victoria agridulce". Se notaba. Los rostros de los concurrentes eran también agridulces. Abrazos poco efusivos, sonrisas más o menos forzadas y palmadas en la espalda. De lejos no se distinguía si eran de ánimo, de celebración o de solidaridad. Cualquier turista que pasara por ahí hubiera pensado que el BNG lamentaba una derrota.

La política ofrece estas curiosidades: Lores obtuvo su sexta alcaldía con una victoria rotunda. Sin embargo, todos los presentes y el resto de Pontevedra esperaban otra cosa, una mayoría absoluta aplastante que no se produjo. Nadie creía el resultado, que se saldó con la pérdida de una concellería. Dolía más que otra cosa que fuera precisamente Anxos Riveiro la que se quedaba a las puertas, una persona apreciada dentro y fuera del partido y que acompaña a Lores desde su primer mandato.

El gran error del BNG fue fingir que Rafa Domínguez no existía

Mientras tanto, en la calle Palamios los del PP celebraban sus nueve concelleiros como si fueran dieciocho. Todo es cuestión de expectativas. En el PP consideraban que siete concejales, los mismos que dejó Jacobo Moreira, sería un resultado aceptable con la que le está cayendo al partido. El más felicitado allí, aparte de Domínguez, era Juanma Nosequé, el noveno de la lista, que se vio convertido inesperadamente en concejal.

Un par de horas después, los miembros del equipo de Domínguez que sobrevivían a la celebración entraron en La Gramola, donde se tropezaron con los socialistas. El encuentro fue cordial y unos y otros suspiraban aliviados y se felicitaban mutuamente y se acariciaban con pasión, momento en el que yo les recordé que la suma entre populares y socialistas da para una mayoría absoluta y ofrecí al PSOE, en nombre del PP, una o dos tenencias de alcaldía y las áreas de Urbanismo, Fiestas, Igualdade, Turismo, Deportes y Rock and roll, propuesta declinada por Iván Puentes, que ejercía de portavoz en ausencia de Tino Fernández.

Poco después llegaron también los del BNG. De haber aparecido Goyo Revenga ya se podía haber celebrado en La Gramola el pleno de investidura. Los de Lores saludaron con aspereza y se aislaron en el rincón de pensar. Las risas y los abrazos estaban en la barra, la zona que ocupaban socialistas y populares. En territorio nacionalista hablaban con gravedad, como si en lugar de una victoria estuvieran celebrando un velatorio.

A la salida, los del BNG insistían en que fue el tándem PP-Ence quien les privó de la mayoría absoluta. Como análisis precipitado no está mal, pero supongo que en clave interna harán una autocrítica más reposada. A fin de cuentas, el PSOE sufrió el embate de Ence con la misma intensidad o más que el BNG, y subieron un concelleiro sin molestarse en hacer campaña.

Llegarán los de Lores a la conclusión de que no hay enemigo pequeño y que si Domínguez redujo la distancia entre PP y BNG de cinco concelleiros a dos, será por algo más que por Ence. Rafa Domínguez se tomó la precampaña y la campaña muy en serio, buscó un buen asesoramiento y demostró que el PP es otra vez la alternativa y que hay líder para rato. Domínguez mostró una capacidad de resistencia y una dureza con la que no contaban en el BNG y ése fue el gran error, fingir que Domínguez no existía, rechazar el cuerpo a cuerpo e ignorar el mensaje machacón sobre empleo y parroquias que fue calando mientras el BNG iba a por uvas.

A toro pasado es muy fácil sacar conclusiones y en eso soy un experto. El diseño de campaña del BNG puede no haber sido el más adecuado. Con un Lores en plena forma, un modelo de ciudad muy apreciado por los vecinos, un mandato en minoría muy bien resuelto y una Pontevedra proyectada por todo el mundo, faltó ambición para arrasar. Se daban todas las condiciones, y más tras el éxito del Campeonato de Triatlón. Algo falló, y es en eso en lo que tienen que pensar, si quieren, pues el PP se coloca en situación de disputar la Alcaldía dentro de cuatro años.

Este lunes por la mañana, Antón Louro proponía como una de las posibles razones de la bajada del BNG algunos cambios en el equipo asesor de Lores, con el que venía subiendo mandato tras mandato. Puede ser. Hace cuatro años presentaba mucho más que un cómic y en esta ocasión ni siquiera presentó un cómic aunque lo intentó.

Pero hay algo en lo que todos nos equivocamos, yo el primero, y la culpa es del propio Lores, que nos tiene acostumbrados a continuos triunfos ascendentes. Eso nos lleva a considerar como un fracaso esta victoria "agridulce". Ningún campeón puede batir su propio récord cada vez que se pone a correr y eso no lo convierte en un perdedor. Perdedores son todos los que no han ganado, digámoslo ya. Así que quienes empiezan a hablar de un fin de ciclo corren el riesgo de incurrir en el mismo error que el BNG cometió en esta campaña, que es despreciar al rival o actuar como si no existiese. Si Domínguez ha demostrado ser un adversario correoso, Lores lo ha demostrado más. Que nadie olvide quién ha ganado, por si acaso.

El alcalde agridulce
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