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El debate de los sosos

Los candidatos, con sus asesores. JUANJO MARTÍN (EFE)
Los candidatos, con sus asesores. JUANJO MARTÍN (EFE)

APARECEN de traje, encorbatados y planchados todos menos Pablo Iglesias, que viste de Carrefour y se posa sobre el atril como James Dean en Rebelde sin causa. Si nada más llegar hubiera movido el cráneo para agitar la coleta, ya hubiera ganado el debate. Lo han sorteado o negociado todo: en qué orden llegan al lugar, cómo se colocan en el plató, quién empieza y quién acaba en cada uno de los cuatro bloques, cifra también negociada. Si aplicaran esa misma habilidad para negociar cualquier otra cosa mejor nos iría a todos.

Empiezan jugando al tanteo y diciendo cosas con las que nadie está en desacuerdo: "Hay gente que no es imbécil", dice Pablo Iglesias con toda razón. Enormemente guapos ellos, se van acusando de mentirosos con suavidad, con elegancia, casi con cariño. Pero pronto empiezan los golpes. Casado saca un papel para demostrar que el FBI sabe que en España se destruye empleo; Sánchez dice que es el Día Internacional de la Tierra, y la cosa va así, yo qué sé. La cosa no va del todo bien.

Pablo Iglesias interviene y demuestra que es el único que ha entendido su papel. Son las derechas contra Sánchez y Podemos contra todos. Sánchez habla de sus hercúleos logros de los últimos meses como si llevara cien siglos gobernando y todo lo que existe lo hubiera hecho él. Rivera, con el coco pasado de revoluciones, lanza mandobles como si llevara una venda en los ojos, mientras Iglesias, libre de meterse con todos, habla de lo suyo.

Luego empiezan a hablar como si los demás no existieran: uno habla de vivienda y el otro le contesta con sanidad; uno habla de igualdad y el siguiente, muy firme, le dice no sé qué de las pensiones. Un diálogo de vendehúmos en el que cada uno viene a colocar su mensaje para convencer a los suyos, no a los millones de indecisos que pueblan el Estado.

Catalunya, claro. Casado y Rivera acusan a Sánchez de venderse a los nacionalistas y él lo niega mientras Pablo Iglesias pide diálogo. Estaba claro que aquí el tema era Catalunya, que la parte bronca iba a ser esa, y es cuando unos empiezan a sugerir a otros que no se pongan nerviosos, Rivera acusa a Sánchez de ser un vendepatrias, Sánchez contesta que eso es mentira y habla de la foto de Colón, Iglesias pide otra vez diálogo mientras hablan de si se va a indultar a los líderes catalanes presos y unos dicen que sí, otros que no y otros que no saben.

Y Otegi, el mantra de esta campaña. Independentistas, batasunos, terroristas, independentistas. Todas estas cosas que nos preocupan tanto a todos, que a ver quién pacta con quién, como si los pactos valieran solo con Vox, al que nadie menciona pero sobrevuela el debate. Preguntas insistentes. ¿Va a pactar usted con ultraderechistas? ¿Va a pactar usted con quienes quieren romper España? Conteste, ¿va a pactar usted con terroristas? Esa es la táctica de Cayetana Álvarez de Toledo. Preguntar cien veces la misma cosa a ver si obtiene la respuesta anhelada.

Luego llega España y otra vez Catalunya. Rivera y Casado intentan llevarse la contraria pero no son capaces y acaban quedando para amarse eternamente, Sánchez se defiende razonablemente bien e Iglesias prefiere dejar que se maten entre los otros tres y no consume tiempo en discusiones ajenas para centrarse en lo suyo. Cuando Sánchez cree que ya ha terminado su pelea, el de Podemos le suelta un sopapo a cuenta de las cloacas del Estado, que dice que siguen ahí.

Les queda el minuto final. Casado habla de batasunos, Pablo Iglesias pide perdón, Rivera llora por los autónomos mientras habla de los batasunos y Sánchez se pone en plan Kennedy como siempre. Nos habían prometido el debate más brillante de la democracia, protagonizado por grandísimos oradores y todo se quedó en un programa bien dirigido por un Xabier Fortes, quien estuvo tan discreto que fue el mejor.

A la salida, como siempre, todos dijeron que habían ganado y todos mentían. Fue un debate tan soso que no hubo manera de ganarlo. O es que guardaban fuerzas para mañana o es que ninguno de ellos merece gobernar a nadie. La cosa quedó en tablas por incomparecencia de todos los contrincantes. Y Xabier Fortes nos deseó a todos y todas buenas noches en gallego y ese fue el momentazo de la noche.

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