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En taxi a la Historia

Museo de Pontevedra. ARCHIVO
Museo de Pontevedra. ARCHIVO

ME DIJO el otro día César Mosquera que va a montar el Séptimo Edificio del Museo de Pontevedra en Valdecorvos. Miento, no me lo dijo sólo a mí sino a toda Pontevedra y por extensión al mundo entero. Vamos por partes. Que el Sexto Edificio se siga llamando así no es de recibo. Es un museo. Ni a una taberna se le llamaría Sexto Edificio. Si a usted viene un amigo o amiga y le dice: "Vamos, te invito a un vino en el Sexto Edificio", desconfíe. Esa persona no está en sus cabales. Eso no es nombre para un museo y menos para el de Pontevedra.

Que una ciudad como la nuestra, con tantos nombres ligados a la cultura y al propio Museo, no se le ocurra un nombre para bautizar su mayor instalación no es normal. Yo propuse hace mil años dos nombres: Casto Sampedro, fundador del asunto, y Filgueira Valverde, su gran impulsor. Pero si no valen ninguno de los dos, ahí van otros: María Victoria Moreno, Tareixa de Távora, Manuel Quiroga, Castelao, Valle-Inclán, Sesmero, Yoquesé. Cualquier nombre es mejor que Sexto Edificio, que parece el título de una película de bajo presupuesto que cuenta la historia de desamor de dos arquitectos, de ésas que ponen en Antena3 los domingos durante la sobremesa.

Propongo María Victoria Moreno, Tareixa de Távora, Quiroga, Castelao...

Una vez a un primo mío que vive en Madrid lo llevé al Museo y el hombre, deslumbrado ante la categoría de las exposiciones, me preguntó de repente por qué aquello se llamaba Sexto Edificio. Pude mentirle, hubiera sido lo natural en un caso tan vergonzante, pero le dije la verdad: que se había bautizado así provisionalmente porque había otros cinco edificios anteriores y a nadie se le había ocurrido cambiarle el nombre. Nunca más volvió a Pontevedra y sospecho que algo tuvo que ver el asunto referido.

Bien, volvemos a Valdecorvos, si es que sabemos llegar, que no es mi caso. Dejé de conducir cuando Mosquera me convenció de que los coches son malos, algo en lo que hoy coincido plenamente. Si lo que se pretende construir ahí es un almacén, como si lo montan en Teruel, que también existe desde hace una semana. Pero al parecer se va a montar ahí una exposición en la que, entre otras cosas, podremos admirar nuestra magnífica colección de miliarios y otras piezas pétreas de un valor incalculable. Para empezar, no hay hasta la fecha una línea de Metrominuto Pontevedra-Valdecorvos. Valdecorvos puede ser un buen sitio para vivir, no lo discuto porque jamás he llegado tan lejos y no sé qué hay ahí, pero no para una exposición del Museo de Pontevedra, que no es precisamente un museo parroquial y merece un respeto que se ha ganado desde que Sampedro lo fundó.

Montar eso en medio de la nada no tiene sentido, lo lamento. Ahí sólo irán cuatro excursiones de escolares y algún desequilibrado que deambule por ahí desnudo, sin rumbo; y los trabajadores, claro. No es excusa la falta de instalaciones, porque no la hay. Ahí está esplendoroso el antiguo edificio de Hacienda, esperando desde hace años un nuevo uso. Es un lugar histórico ideal para acoger una exposición; ahí está el convento de Santa Clara; ahí está la parcela en la que se iba a montar un tanatorio sobre los restos más antiguos de nuestra ciudad, a cuatro metros de donde apareció alguno de los miliarios que vamos a mandar al desierto. Tres lugares que se le ocurren a cualquiera y que están en las inmediaciones de los seis edificios actuales.

Es que si seguimos así, casi hasta da por exigir que devuelvan uno de esos miliarios al restaurante del edifico Sarmiento, donde lo había colocado mi admirada Ana Isabel Vázquez del Miliario, a la que felicito sinceramente, que acaba de ser mamá por segunda vez y me alegro un montón porque quiero que mis amigos sean felices. Ahí al menos podríamos verlo, lleno de manchas de vino y de aceite, pero podríamos verlo.

Pontevedra es la auténtica Cidade da Cultuta de este país, con permiso de Compostela, de Betanzos y de alguna otra; es una ciudad que acumula una historia deslumbrante y que ha hecho un esfuerzo titánico para respetarse a sí misma y ser respetada en todas partes. El propio Mosquera tiene mucho que ver con eso, hasta el punto de poder afirmar que sin él nada de esto se hubiera hecho, o no se hubiera hecho como se hizo, con rigor y eficacia. Nadie hoy podrá negarle ese mérito inmenso. Pero no, no se puede coger la historia de Pontevedra e instalarla en el primer lugar elegido a ciegas sobre un mapa del municipio, a kilómetros de donde se encuentran el resto de las instalaciones del Museo, lejos de todo. No se puede sacar el Museo de Pontevedra del corazón de Pontevedra. Eso sería como instalar la Deputación de Pontevedra en Helsinki porque resulta que hay ahí una parcela.

Llevamos más de un siglo construyendo y ampliando el Museo y debemos seguir haciéndolo, pero con sentido, criterio y amor. No les digamos a los que nos visitan y nos admiran que para conocer nuestra historia hay que ir en taxi. Sentidiño.

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