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Luchando por la calderilla

LO MÁS chungo de una campaña electoral es la última semana. Esos días en los que a la prensa nos llega información que no se puede publicar porque es delito. Esos días en los que las empresas demoscópicas siguen haciendo encuestas para los partidos y estos a su vez nos las filtran a los que escribimos pero a título informativo. ¿Por qué las puedo conocer yo pero no puedo transmitírselas a usted? No lo sé. Ojalá lo supiera. Nunca he sido favorable a que la información se oculte, pues si se oculta no es información sino lo contrario.

Resulta que las encuestas que no se pueden publicar no difieren mucho de las que conocimos cuando eran públicas. Nos las filtran a los de la prensa porque creen que pueden influir en nosotros y nosotras, y a nuestra vez, podemos manejar esa información para hacernos los gurús, pero como somos listos y tenemos experiencia, tampoco nos las creemos demasiado.

Pero en lo que a Pontevedra se refiere, lo que nos filtran de unos y otros lados viene siendo lo de hace meses: una victoria aplastante del BNG, que va de una mayoría más que suficiente de 11 concejales a una absoluta rompedora de 14. Al PP se le dan entre 5 y 8, al PSOE entre 3 y 6 y a Ciudadanos y Marea de 0 a 2. Pues si coge usted cualquiera de estos arcos y los calcula con todas las variantes posibles, le sale que el BNG va a gobernar en solitario con el PP como segunda fuerza aguantando sus concelleiros con heroísmo; el PSOE resuelve subiendo no demasiado y Marea y Ciudadanos están entre desaparecer o no.

Esas diferencias no van a significar nada para usted ni para mí, porque son mínimas. Determinan quién va a gobernar, el BNG, quién va a liderar la oposición, el PP; quién va a ser el tercer partido, el PSOE y quiénes, si se da el caso, pueden seguir o no seguir figurando, Cs y Marea. O sea, nada que no conozcamos ya.

Pero para ellos es definitivo, porque en la ecuación meten el orgullo y la cosa interna. Para Lores, con la victoria más que resuelta, no es lo mismo una primera mayoría absoluta que un nuevo gobierno en solitario o con socios; al PP de Rafa Domínguez, que sabe que no va a ganar, le preocupa repetir o aumentar los concejales de Jacobo Moreira. A Tino Fernández no le da igual mantener sus tres concejales que subir a cuatro; y a Marea y Ciudadanos, aunque a usted le importe un pito, no les da igual tener uno o dos concejales que no tener ninguno.

Se pelean a estas alturas por la calderilla. Todos conocemos el orden de primero a último; todos sabemos quién va a gobernar y quiénes no, pero allá arriba todos y todas están histéricos porque aunque saben como todos cuál será el resultado a grandes rasgos, para ellos cada voto es una joya. Para el que va a gobernar porque puede ponerse la corona de la mayoría absoluta; para los que pierden porque no es lo mismo perder peor que perder mejor.

Luchando por la calderilla
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