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Rafita

LOS APOYOS a Rafa Domínguez se pueden achacar a quien se quiera. Otra cosa es que el apoyo a un candidato local de una capital de provincia pequeñaja se pueda considerar como una pérdida de tiempo, no sé. Mis candidatos preferidos en esta campaña son el padre y el hijo de Rafa Domínguez. No se juegan nada de nada, vamos a hablar en serio, pero el doctor Domínguez y su nieto Rafita se están currando la campaña como si les fuera la vida en ello. Rafita es un chaval que no sabe del todo qué es una campaña pero genera votos: es guapísimo, simpatiquísimo, rubísimo y futbolísimo. El hijo que todos quisiéramos tener. Luego es listísimo y tiene novia en Marín. Es decir, que yo, como usted, quisiera ser Rafita Domínguez, que viene a ser lo mejor de la familia, con permiso de Eladio Vaz Gallego, bisabuelo del candidato, poeta nacionalista y represaliado. Ya que estamos en familia, daría media vida por presenciar una conversación entre el abuelo de Rafa Domínguez, Eladio Vaz y el hijo Rafita. Imagíneselo: cuatro personas de cuatro generaciones que han nacido y crecido en nuestra ciudad y que han evolucionado desde el nacionalismo republicano hasta el centrismo radical, desembocando todo ello en Rafita, que es lo mejor de la familia y que dentro de unos años, más o menos, nos gobernará.

Cuando uno pasa por la Rafaneta, acude a un mitin en una parroquia o se acerca a una plaza en la que se aparca la furgona famosa, siempre está por ahí el padre de Rafa. Dice el candidato que su padre es su mayor agente electoral. Pues no. Es verdad que el hombre se desvive pidiendo el voto para su hijo; es cierto que apuesta toda su credibilidad por el candidato; todos sabemos hoy en Pontevedra que usted, doctor, acude a cada acto, a cada mitin desviviéndose por la candidatura de su hijo, pero admítalo, y se lo pido con el mayor de los respetos: me he encontrado con medio millón de ciudadanos que hablan bien del padre de Rafa Domínguez, que han visitado la Rafaneta, pero a mí me pagan por contar la verdad, doctor, y esto que voy a contar se lo cuenta usted a su hijo.

Vamos allá. Lo que importa es Rafita, su nieto, hijo de Rafa Domínguez y tataranieto de Eladio Vaz. Yo lo veo por ahí y encuentro el futuro de Pontevedra. No sé si Rafa Domínguez acabará con Lores, no lo veo ahora mismo, pero juro por la memoria de mi madre que un buen día un chaval como Rafita, espero que el propio Rafita, que lleva unos genes prodigiosos, nos lance al futuro. Mientras tanto, nos queda una cosa clara y es que pase lo que pase, debemos creer en las sagas. Yo creo firmemente en ellas porque conozco la historia de nuestra ciudad y de este país, y le juro a usted por Dios que Rafa Domínguez será estudiado dentro de mil años como padre de Rafita.

Rafita es el futuro, qué quiere que le diga. No me preocupa el porvenir inmediato de Pontevedra, que parece resuelto. Más bien me inquieta que dentro de veinte años no nos gobiernen el padre o el hijo de Rafa Domínguez, que se están currando una campaña con tanta honestidad como si se presentaran ellos. Así que ya le digo a usted que mi voto es para Rafita Domínguez, para su abuelo y para su tatarabuelo.

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