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Rito de apareamiento

DURANTE EL mandato que acaba, Miguel Anxo Lores manejó los equilibrios con destreza. Las cuentas se lo permitían. Tenía una oposición muy fragmentada en la que Lores podía encontrar comodines en PSOE, Marea e incluso Ciudadanos. No le salió mal. Aprobó los presupuestos con algo de astucia, algo de imaginación y otro poco de oportunismo y gestionó un mandato más o menos tranquilo.

El escenario ha cambiado radicalmente. Lo que es la vida. Con no demasiados trasvases de votos, hoy el PSOE se convierte en un partido indispensable para el BNG; el PP se refuerza como líder potente de la oposición y Ciudadanos no sirve para nada. Numéricamente, quiero decir. Servir, para algo servirán, pero en una votación de unos presupuestos tanto dará que Goyo Revenga se quede en casa, pues ahí solamente el PSOE de Tino Fernández es quien puede decidir.

Tino Fernández está pidiendo a gritos una alianza y hace bien

Así las cosas, el acuerdo está servido y la decisión es de Lores: o mete al PSOE en el Gobierno, lo que siempre obliga a compartir protagonismos pero garantiza un mandato sin mayores contratiempos, o resuelta la investidura se sienta a negociar cada presupuesto y cada modificación de crédito, que son hoy día las cosas que se deciden en Pleno vinculantes y decisivas, es decir, qué se hace, quién lo hace y con qué partida lo hace.

Nadie tiene ni idea de lo que Lores está pensando ni qué opiniones está escuchando, pero se han emitido señales que permiten pensar que no habrá mayores problemas. Hay receptividad, hay buena voluntad y hay buen ambiente. La relación entre Lores y Fernández se ha suavizado en estos cuatro años. Antes era tan tensa que miraban con odio y hasta con repugnancia. Supongo que aunque no hayan aprendido a quererse, que amor carnal ahí no lo veo yo ni hoy ni en un futuro inmediato, sí han llegado a respetarse primero y a entenderse al final.

Están obligados a aliarse porque no tienen otra opción. Aunque las pinzas al BNG del pasado ya habían cesado a mediados del anterior mandato, ahora sólo serían matemáticamente posibles entre PP y PSOE, pues Marea ya no existe y un voto aquí o allá de Ciudadanos no condicionaría ningún resultado. Ya no son posibles aquellos «todos contra Lores» en los que cuatro partidos sumaban una mayoría absoluta para torcer el brazo al BNG, táctica cuyos resultados, por otra parte, tampoco fueron gran cosa, pues estaba visto que aquellos matrimonios entre PP-PSOE-Marea-C"s no podían durar demasiado.

Supongo que lo más cómodo para todos sería un acuerdo de gobierno más que uno de investidura. BNG y PSOE se repartirían las competencias como en otros tiempos, el PP de Domínguez se quedaría solo en la oposición y Goyo Revenga pasaría de vez en cuando a saludar. Revenga, si en este mandato quiere llamar la atención, ya puede ir comprándose un bombo. Tino Fernández está pidiendo a gritos una alianza y hace bien, y Lores se pone remolón y también hace bien. Los ritos de apareamiento tienen sus códigos y hay que respetarlos.

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