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¿Y ahora qué? ¿Y ahora cómo?

Lo que está pasando en Pontevedra con fiestas privadas en terrazas de viviendas del centro es un despiporre

ESTA HECATOMBRE de carácter planetario que arrastra el devastador Covid-19 nos está cambiando como humanidad…

Me preocupa muy mucho que algo tan atávico como el saludo, ese gesto que constituye la manifestación más usual y de suma importancia en las relaciones humanas, que permite el acceso a otras personas, que facilita la comunicación entre ellas, que implica el registro del otro, y siendo el vínculo solidario de fraternidad entre los seres humanos, ya nunca será lo mismo (al menos por el momento); y se echa en falta especialmente en sociedades como la nuestra tan de «achucharnos»; porque el saludo y su respuesta genera alegría, fortalece los lazos de la comunidad y nos convierte en miembros de un grupo expresivo y más unido. Pero debemos ser cautos.

Es de importancia tal el saludo, que las características del mismo han sido analizadas por una amplia diversidad de disciplinas: desde la etología, lingüística y antropología hasta la psicología, sociología y marketing, sin olvidar la filosofía, medicina, ciencia política y la historia.

Pero ahora vivimos bajo una circunstancia peculiar, y creo podemos tomar como ejemplo de actuación el principio rector que alineaba el pensamiento de nuestro universal José Ortega y Gasset, resumido en una frase que la mayoría de ustedes conocen, "Yo soy yo y mi circunstancia … y si no la salvo a ella no me salvo yo".

Sin duda alguna, esta adversidad en la que estamos inmersos nos tiene que hacer reaccionar y salvaguardarnos a nosotros mismos ante tal acontecimiento que ha puesto nuestra cotidianeidad patas arriba. Por ello atender a las exigencias que las autoridades sociosanitarias nos imponen en aras de preservar de nuestra salud, que en definitiva será proteger también la de todos. Y de nuevo siguiendo a Ortega, demos sentido a esa nueva relación existente entre cada uno de nosotros y nuestra nueva circunstancia en el medio social que nos movemos, y ante una nueva cultura en constante cambio; y hacerlo aún por mucho que nos cueste.

Pero no son pocos los que no pueden, o mejor dicho, no les da la gana de adaptarse a esta nueva "circunstancia" en los usos sociales y a los que tenemos que aguantar no sin tener pocos altercados, (especialmente en el supermercado), debido a su actitud desconsiderada, individualista, irrespetuosa y no falta de riesgo. Y lo que es increíble es que cada vez es más complicado lidiar con ellos, los que se creen por encima de los demás y del bicho, para los que la obligatoriedad de la mascarilla, el mantener la distancia de seguridad y la higiene de manos, así como el ir fumando por la calle como dragones cómo que no va con ellos…

Y después pasa lo que pasa y somos el segundo país del mundo en contagios; aunque bien es cierto que se hacen pruebas masivas, y eso es bueno; pero lo que no es, es el aumento de brotes en media España, especialmente en Cataluña y Madrid. Concretamente en esta última se han confinado 37 áreas sanitarias debido a la densidad de población, al hacinamiento de muchas personas en viviendas. Y sin ir más lejos, lo que está pasando en Pontevedra con fiestas privadas en terrazas de viviendas del centro de la ciudad que son un despiporre ante la falta de distancia social, de uso de mascarillas (y me consta que han sido denunciadas), pero como nada se repiten cada fin de semana. Ahora yo me pregunto, ¿y la multa para cuándo?

Tampoco quiero dejar de lado lo que ocurre en el temido transporte público y cuesta digerir visto lo visto, porque sigue al 100% de su ocupación. Veremos lo que ocurre cuando lleguen las lluvias y tengamos que subir empapados al autobús, hacinados, con los paraguas pingando y sin poder quitarnos las prendas de agua…

Perdidos en esa circunstancia orteguiana nos encontramos con otro despropósito, la insensatez de la Organización Mundial de la Salud la que en donde dije digo, digo Diego nos vendía el saludo con el codo como lo más aceptable (iniciativa desde 2006 ante el temor de contagios como el de la gripe aviar, de gripe porcina de 2009, el brote de Ébola de 2014, y hasta hace nada por la pandemia de COVID-19), pero ahora resulta que tampoco es saludable… La verdad no sé a quién se le ocurrió cosa igual, porque independientemente de no guardar la distancia de seguridad, si las personas se saludan piel con piel quizá ello pueda influir en un contagio. Yo no soy médico, pero lo que tengo claro es el seguir apelando al sentidito, lo mejor es no tocarse y hacer caso omiso a las ocurrencias de los tan bien pagados de la OMS, que vayan ustedes a saber que se les ocurre ahora, porque son tan capaces de ponernos a bailar la yenka.

Efectivamente y como decía al inicio de este artículo, desgraciadamente ya no podemos saludar con el apretón de manos griego, inicial gesto de paz que demostraba que no se sostenía un arma y al mover las manos arriba y abajo se aseguraba uno de que el otro no llevaba nada escondido en la manga; el mismo que mostraba dioses cerrando tratos, guerreros que marchan al combate y almas de los difuntos llegando al inframundo; el mismo que practicaban los antiguos romanos cuando dos conocidos se encontraban en el Foro, en el Senado o en una celebración. Tampoco podemos usar el de los besos, este de origen cristiano. Interesantes curiosidades, ¿no?

Pero lo que sí podemos practicar es, por ejemplo el juntar nuestras manos con un leve bajado de cabeza, y hacer el saludo Namasté, de uso común en el sur de Asia, especialmente en países como la India y Nepal por los hindúes, sijs, jainistas y budistas. O el de llevar la mano al corazón como hacen los norteamericanos al escuchar su himno nacional (igualito que en España), o la mano en alto al más puro sentido de un piel roja…No quiero banalizar, pero si no le echamos un poco de humor, ¡esto es terrible! Y

como no puedo seguir profundizando en la multiplicidad de maneras de saludar como me gustaría, les cuento una última; ¿por qué no aprender el lenguaje internacional de signos?, ya que tiene una preciosa manera de saludar sin tocarnos, es muy fácil, y considero que es una buena circunstancia a la que adaptarnos; ya en caso contrario nos van a volver locos, al tiempo que nos seguiremos cuestionando el saludo, y preguntándonos ante cada nueva advertencia, ¿Y ahora qué? ¿Y ahora cómo?

¿Y ahora qué? ¿Y ahora cómo?
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