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Aprender a volar

EN UNA DE las varias entrevistas de un libro que estoy escribiendo sobre mujeres que han contribuido a construir Pontevedra, una de ellas me contaba que uno de sus sueños sería "volar", y que quizá alguna vez pudiese pasar, ya que los humanos nadamos y buceamos, como si fuéramos peces.

Esta semana me vino a la mente la necesidad de hacer real el sueño de mi amiga, ya que lo que está pasando en Pontevedra no sé cómo referenciarlo, porque de seguir así habrá que plantearse la materialización de esta quimera que me contaba la entrevistada, ya que visto lo visto, todas y cada una de las personas que vivimos en esta ciudad ( ya no digamos los que vienen a visitarnos, a hacer sus compras y así a contribuir al desarrollo económico de la misma), deberíamos aprender a volar.

Una cosa es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud cuando propugna unas ciudades transitables, ya que la falta de ejercicio es uno de los mayores problemas de salud en el mundo, mayor incluso que el tabaco hace dos décadas; y por ello caminar, es sostenible en todos los sentidos. Les confieso que el diseño del «metro minuto» de Pontevedra es una buena idea, pero lo que ya no lo es tanto, es la excesiva peatonalización de la ciudad, así como la reducción de a un solo carril en las principales arterias de entrada y salida de la misma como lo son las calles de Eduardo Pondal y la avenida de Vigo, por ejemplo; y si a ello unimos la circulación de camiones que vacían contenedores de basura a horas punta en ambas, nuestra urbe se convierte en una trampa ratonera para todas aquellas personas que acuden a las estaciones de autobús y tren para ir a trabajar, con el correspondiente peligro de perder su viaje. Créanme porque yo lo he sufrido en primera persona.

Vamos a ver, peatonalizar los centros urbanos de las ciudades ha sido una cuestión de tiempo. Cuanto antes se hiciese mejor, ya que priorizar a los viandantes en los centros urbanos significa poner a las personas por delante de los coches. Por un lado, implica reconquistar el disfrute del paseo al tiempo que facilita la seguridad de quienes caminan por la ciudad. Por otro, supone facilitar y fomentar el ejercicio físico, rebajar la velocidad de la circulación y aumentar, en consecuencia, la calidad de vida de los vecinos y de los visitantes que recibimos.

Hay muchos ejemplos, como el de Nueva York, en donde convirtieron la avenida de Broadway en una calle peatonal para mejorar la ciudad, para menguar los accidentes de tráfico y para respirar aire más puro y así recuperar el pulmón verde que significa Central Park. Casos análogos se produjeron en Melbourne, Sidney o Copenhague para desplazar los coches del centro.

En Alemania, en ciudades como en Passau y Nüremberg, y Münich el casco histórico es inexplorable para los coches, lo he vivido; así como en Londres, no es nada fácil circular con un vehículo por el centro. Hace nada en Madrid han propuesto la restricción de tráfico en la calle más importante en cuanto a circulación tiene la Gran Vía, aunque aquí parecen no haber acertado ya que es un caos.

Pero con todos mis respetos y el cariño más entrañable para la ciudad que me ha visto nacer y a la que adoro, Pontevedra, dista mucho de las dimensiones de todas y cada una de las que he citado, bien porque las conozca o porque me hubiese documentado e informado sobre ellas. Por todo ello, me parece más que inapropiado y descabellado lo que este gobierno municipal está haciendo, una cosa es peatonalizar el centro, otra muy distinta atrofiar la ciudad, lo que conlleva consecuencias irreversibles para el desarrollo económico de la misma en donde el comercio, que era un acicate de desarrollo y riqueza, lo están aniquilando.

"¡Qué bonita está Pontevedra para pasear!", me dicen las personas que la visitan, y están en lo cierto; pero que fea ha quedado sin su pavimento original, "desvalijado" con "nocturnidad y malas mañas" que en más de una ocasión ya he dejado constancia en mis escritos e intervenciones, ya que, sin él, Pontevedra ha perdido la oportunidad de ser ciudad Patrimonio de la Humanidad, ahí es nada. Lo que me pregunto muchas veces es, ¿qué daño hacían aquellas calzadas medievales?, cuyas piedras no sé dónde estarán, las mismas sobre las que jugaba de niña en la calle San Román, y plazas aledañas, así como las catalpas de la plaza de la Verdura que nos hacían soñar a muchos niños, porque si el resultado era peatonalizar, hubiesen quedado como un tesoro, un referente de la historia de nuestra ciudad, patrimonio a conservar y a poner en valor. En fin…

Pues ahora, por si no tuviésemos suficiente, se les ocurre peatonalizar la calle Benito Corbal, eso sí, en tiempo récord de cuatro meses no vayan a afectar el voto en las elecciones municipales. A ver si los pontevedreses despertamos de una vez, y nos revolvemos, ya que esto no tiene ni pies ni cabeza, y no nos lo merecemos ni los vecinos, ni los que vienen a comprar, que, dicho sea de paso, cada vez son menos, ya que desde el consistorio municipal no hacen más que poner trabas para entrar, vivir y salir de Pontevedra, y esto no es una cuestión baladí ni broma alguna. La peatonalización fuera de toda racionalidad hace brillar a nuestra ciudad como un "fuego fatuo", como todos esos premios "conseguidos" que reflejan todo lo contrario a lo que está ocurriendo en nuestro ayuntamiento; como la necesidad acuciante de la recuperación del empleo y la promoción económica más que necesaria para Pontevedra. De seguir así, tendremos que idear un nuevo modo para acceder de forma adecuada a esta "Boa Vila", y a lo mejor, hay que aprender a volar …

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