Opinión

"Como bueyes uncidos..."

A MUCHAS personas les sonará lo que voy a denunciar en este artículo, especialmente las que tienen acceso a mis RR.SS., porque en estos días hice mención de estas barbaridades. ¡Menuda semana de escandalosos y preocupantes episodios que atentan contra la mujer!... Para que no pocas personas "trogloditas" sigan instaladas en el negacionismo de la existencia de la violencia de género hacia la mujer, precisamente por ser mujer.

Las formas de violencia de género no son pocas, teniendo su inicio en subconsciente. Así el "Ello" opera según el principio del placer, el cual, si no se ve restringido por la realidad, busca gratificación inmediata y, en mentes maleducadas y/o enfermas el placer puede consistir en el hacer daño a otra persona para que uno se sienta estupendamente y, por el contrario, la persona que recibe el impacto real de esas sensaciones de placer fruto de mentes estropeadas, son las que sufren. En este caso que nos trae a este artículo de opinión dominical es, tristemente, la violencia de depravados machistas hacia la mujer.

Hace prácticamente una semana, un diario "conservador" de tirada nacional, en su edición sevillana publicaba una "carta al director" con un contenido que atenta a los derechos fundamentales de las mujeres como, por ejemplo, el de ser libres para elegir nuestra vida y, poder hacerlo en un Estado Social y Democrático de Derecho como es España, tal y como ampara nuestra Constitución de 1978.

Pues el interfecto, del cual no mentaré su nombre para no darle "propaganda", decir que estudió en el Seminario Metropolitano de Sevilla, pero no finalizó su formación, por lo que no es sacerdote como muchos han descrito. Lo que sí es cierto, es que forma parte de un "grupúsculo" de personas trasnochadas que disfrazaban su decálogo, aduciendo convicciones católicas y cristianas y, para una católica practicante como yo, que ha indagado lo "que pudo" estos días sobre esa formación, lo que era su "sostén", pivotaba en premisas fanáticas y alejadas del cristianismo y el catolicismo real.

Dicho esto, añado la siguiente información de la tal "carta al director" de título "la caída de la natalidad" a la que tuve acceso por la colaboración de amigos que tengo en Sevilla, ya que era imposible acceder desde la web de citado periódico, el cual obedece en su nombre a las tres primeras letras de nuestro abecedario. Parte del texto decía lo siguiente: "Yo no sé si soy el único que todavía no vive en la inopia, pero lo cierto que sería un milagro que se produjera, lo contrario en una sociedad en que las mujeres solo viven preocupadas en hacer deporte, tatuarse y cuidar perros. ¡Qué lejanos quedan aquellos tiempos en que las mujeres eran femeninas, dulces y vivían entregadas a la honrosísima tarea de obedecer a su marido y cuidar de su casa y de los hijos! Pero no: un viento sectario y gélido, que Dios sabe de dónde procedes, ha secado sus cabezas, tornándolas en seres extraños, únicamente preocupados en la adquisición de derechos y títulos"… Ahí dejo tal acto de felonía a las mujeres.

Por cierto, no me vale la "contra-respuesta" a ese escrito hecha por un articulista de cabecera del mismo periódico, Alberto García Reyes en donde hacía pábulo que esas opiniones no formaban parte de los valores del periódico.

Entonces yo me pregunto, ¿para qué la publicaron?, porque el dar luz al gran público con afirmaciones de este "calibre" seguimos alentando a "sujetos" que siguen delinquiendo como ocurrió la noche del pasado jueves al viernes en "La Pobla del Duc" en Valencia; en donde un endemoniado individuo casi mata a su novia en una agresión "espantosa" que, la hacía volar como su de un muñeco se tratase, a raíz de los golpes que le propinaba sin cesar. Lo único positivo de esta última agresión de violencia de género en España es que el maltratador fue detenido en las horas siguientes y, ya se encuentra en prisión. La condena ha sido de 8 meses de cárcel y 16 meses de alejamiento de la víctima… A ver qué ocurre cuando salga… Desde luego vaya todo mi apoyo a esa pobre mujer de 20 años.

Llegado este momento quiero resaltar dos cuestiones. La primera de ellas es la necesidad de denunciar la primera vez que una mujer es maltratada; ya que esta chica había recibido con anterioridad, un trato parecido. Por favor tomemos conciencia de ello y, si somos conocedores de algún episodio de malos tratos, acerquémonos a la víctima y ayudémosla a que, de el paso de denunciar, haciéndole sentir que no está sola y, que las autoridades civiles, judiciales y administrativas están para ayudarla. No es fácil, pero es nuestro deber ayudarlas. La segunda va dirigida a la mente cavernícola que escribió la carta sobre la natalidad. Mire usted, que es "tan creyente" utilizar el nombre de Dios en vano es un pecado y, ante sus "creencias" esto debería ser lo primordial. Y le añado que lo primordial para mí, es que como persona y como mujer, hago lo que me da la gana dentro del imperio de la ley que, ampara, mis derechos y libertades, así como mis responsabilidades ciudadanas en un estado "social y democrático de derecho" como en el que vivo, España. Además, si practico deporte, lo hago para tener una vida saludable; y si cuido a mis gatas, cosa que hago de mil amores y ellas son conscientes de ello y me devuelven lo que les doy multiplicado, de nuevo le repito que lo hago porque me da la "real gana". Respecto a los tatuajes, no me ha dado por ello, porque puedo elegir y porque me vuelve a dar la real gana. En relación a la "obediencia honrosísima", la practico en base a los preciosos principios y valores que me inculcaron "mis mayores" cuya base es "sé libre y haz el bien y no mires a quién", con lealtad a mis superiores en el trabajo, a mis iguales y a los que son mi responsabilidad.

Y ya, por último, mi persona como muchas otras mujeres no hemos podido aumentar la natalidad por cuestiones de salud que no dependieron de mí, ni de nosotras, sino de "la providencia" en la que creo y respeto y, de la que tan mal hace uso y menta usted. Y aquí lo dejo por esa "obediencia honrosísima" a la educación recibida; aunque no sin mencionar lo de los "títulos", porque oiga usted, hay que animar a la gente a estudiar y, por ende, a recibir esos títulos que para alguien de su "categoría" parece darle poca importancia y, con ellos seremos más libres. Está claro que, para especímenes como usted, mujeres como yo, si viviéramos en el Medievo, acabaríamos en la hoguera. ¡Qué vergüenza!

Es muy triste que, casi finalizando el primer cuarto del siglo XXI, las mujeres tengamos que seguir sufriendo episodios como éstos. Es deber de la sociedad al unísono, analizar el por qué sigue pasando esto y tomar conciencia de ello; ya que parece que, en ver de ir avanzando en la consolidación de derechos y libertades, en vez de caminar hacia delante con paso firme y decidido, lo hacemos hacia atrás y con lastre, tal y como versa el dicho de "los bueyes uncidos".

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