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¿De peña o de pena?

PARECE QUE la tengo tomada con los dirigentes del consistorio municipal, pero lo cierto es que me sirven en bandeja todos y cada uno de los desagradables acontecimientos que ensombrecen las fiestas patronales (provinciales) dedicadas a la advocación de Nuestra Señora del Refugio Divina Peregrina, comúnmente conocidas por la gente como “las Peregrinas”, no las “fiestas de verano”, pero año a año permanezco atónita ante la esquiva de un problema que, una y otra vez, sufrimos cada sábado de los dos primeros fines de semana de agosto.

Pues es cierto, y la verdad es que los que mandan en mi ciudad, mi adorada Pontevedra, permanecen impasibles y haciendo quiebros cuando el problema se va agrandando como una bola de nieve hacia abajo. Nunca mejor dicho por los acontecimientos en nuestra Boa Vila.

Otro año más con una invasión de orines en la zona vieja de Pontevedra, que empezaba el sábado pasado (sin corridas de toros, por lo que no se puede culpar a las peñas taurinas), y sumó y siguió el sábado noche.

Para contextualizar mi opinión de este domingo, acudo a la Real Academia Española de la Lengua, en donde define “peña” como: 1. Corro o grupo de amigos o camaradas; 2. Círculo de recreo; 3... Grupo de personas que participan conjuntamente en fiestas populares o en actividades diversas, como apostar, jugar a la lotería, cultivar una afición, fomentar la admiración a un personaje o equipo deportivo, etc.

Además de la RAE, he buscado en la tradición a lo largo y ancho de “nuestra piel de toro”, y la inmensa mayoría de las referencias son a las que apela la tercera acepción, la del grupo de personas que participan conjuntamente en fiestas populares o en actividades diversas.

Buscando y buscando, sólo en Pontevedra me encuentro, otro año más y peor, con los que se reúnen para beber hasta que no pueden más y embadurnar de porquería todo lugar al que acuden, increpar y entorpecer el paso a todos los que no son de su “calaña” e invadir de innumerables desalojos de vejiga campando a sus anchas por la zona vieja de nuestra linda Pontevedra. Y eso no son peñas.

Precisamente el panorama que dejan tras de sí estas “agrupaciones juveniles etílicas” es tan impresentable como desolador, igualmente a ojos de los vecinos como de los turistas que nos visitan en estas fechas, los cuales dejan de hacerlo cada año en mayor número , hartos de borracheras, peleas y demás comportamientos anormales de estas mal llamadas peñas, las cuales ensombrecen y embadurnan del más lamentable de los ascos a la ciudad, con pérdidas de hasta el 90% en nuestro sector hostelero con los crecientes comas etílicos, con las no pocas detenciones por disturbios y las atenciones del 112 a los transeúntes que resbalan en tan inmundo suelo.

Para que no piensen que mi opinión es sesgada, les diré que sigo perteneciendo a una peña desde que tenía 19 años, y aunque ahora yo no vaya a los toros, (esa es una decisión personal y cuestión tratable otro día), no puedo consentir que se escriban barbaridades sobre las peñas taurinas, culpándolas de todo esto que estoy describiendo en este artículo de opinión.

Las peñas taurinas de Pontevedra, tanto las federadas en la Coordinadora, como las que acuden por su cuenta, no son las culpables del infierno de basura, comas etílicos, peleas y disturbios que existen cada uno de los dos primeros fines de semana de agosto de Pontevedra. Las culpables son las “agrupaciones juveniles etílicas” que necesitan de una urgente incursión en sus actividades, no pocas veces delictivas por parte de las autoridades locales.

No sé qué parte de la afirmación de “no se debe permitir el botellón”, no entienden los que mandan en el ayuntamiento, la verdad es que no me cabe en la cabeza cómo se sigue permitiendo esto, a sabiendas que la inmensa multitud de hordas que invaden el casco viejo son además son menores de edad.

A ojos de algunos puedo parecer retrógrada e intransigente, pero nada más lejos de ello, los que me conocen saben que tengo la mentalidad muy amplia y estoy abierta a muchas prácticas sociales no entendidas por otros tantos, pero a este cúmulo de despropósitos, mezcla de orines, escándalo y suciedad, ¡no!

Si de mí dependiese, el año que viene no aparecía ni un sujeto de ese tipo campando por nuestra ciudad. Pero como no es el caso, y soy consciente que el concello no van a hacer absolutamente nada al respecto, les voy a brindar una posible solución al problema.

¿Por qué no les organizan algo interesante en el recinto ferial de Pontevedra? Así, muchos vecinos como yo, podríamos pasear y disfrutar en paz de esta maravillosa ciudad en fiestas, al tiempo que nuestros hosteleros verían hecho realidad su agosto (como se merecen), y las peñas que quieran ir a los toros que vayan.

Apunten la aportación, mandatarios municipales, y para que no sea demasiado el coste, den cobijo a los menores avisando a sus progenitores, que previo pago de una “aportación al erario público por las molestias causadas”, les recojan y los lleven a donde tienen que estar, en su casa.

Dejen en paz a las peñas tradicionales y a la coordinadora sin culparlos de lo que no son culpables, y a los demás permítannos disfrutar del ocio que es de nuestra propiedad, de la de todos, sin trifulcas, “pises” y demás despropósitos.

Muévanse, porque esto es muy serio, y estos fines de semana de fiestas no son de peñas, actualmente y por su mirada hacia otro lado, ¡son de pena!

¿De peña o de pena?
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