Opinión

¡Despilfarro a gogó!

Estamos a tiempo, mejor dicho, las autoridades pertinentes y las personas de la dirección de Renfe aún están a tiempo de solucionar este problema en este primer mes de uso de los abonos gratuitos

Estamos a tiempo, mejor dicho, las autoridades pertinentes y las personas de la dirección de Renfe aún están a tiempo de solucionar este problema en este primer mes de uso de los abonos gratuitos Existen iniciativas que, al principio, suenan mejor que bien; cuestión distinta es cuando se hacen a prisa y corriendo, sin la planificación debida, sin tener en cuenta prioridades y, en especial en un país como, como España, en donde el subgénero literario que mejor nos describe es la Picaresca.

La cuestión es que ya deberíamos haber avanzado desde los siglos XVI y XVII donde los pillos campaban a sus anchas. Pues va a ser que no, y en pleno siglo XX I no es que estemos igual, sino que vamos a peor. Las personas que, como yo, viajamos a diario desde la ciudad en la que vivimos hacia la que trabajamos, recibimos una buena noticia en agosto; el Gobierno de España pone a disposición de toda aquella persona que lo necesite un abono gratis para viajar en tren hasta el 31 de diciembre.

Hasta aquí, casi bien, ya que la concesión de abonos debería haber sido concedida por descuentos en base a las rentas de cada uno y gratis a quienes más lo necesitan; ya que la práctica de café para todos trae no pocas y malas consecuencias como las que podrán leer a continuación y en relato de primera persona, porque yo soy una de esas personas que ha adquirido ese abono gratuito, por ello vivo las repercusiones sociales y laborales que está acarreando esta gestión caótica, además de hacer cuentas como ciudadana que paga sus impuestos, por lo que también les voy a contar.

Esta iniciativa del Gobierno de España de incentivar el transporte público en tren, es aplaudible en el fondo, pero no en las formas y, traigo a colación un ejemplo en el trayecto que yo hago casi a diario y, visto lo visto en los primeros días cuando me quedé sin tren, a mayores he comprado el abono de autobús (subvencionado por la Xunta de Galicia en un 50%, cuestión que me parece más razonable), para no quedarme en tierra, especialmente en horas punta.

A lo que vamos, trayecto Pontevedra-Santiago de Compostela-Pontevedra.

En primer lugar, trasladar mi perplejidad por la cantidad de abonos que yo podría haber adquirido: Pontevedra-Santiago de Compostela-Pontevedra, el que necesito; Pontevedra-Vigo-Pontevedra, Pontevedra-Villagarcía-Pontevedra, Pontevedra-La Coruña-Pontevedra y Santiago-Orense-Santiago… Pues conozco personas que los tienen todos porque me lo han dicho, y dudo que tengan días hasta el 31 de diciembre para gastarlos, a no ser que se dediquen a pasear, que entonces los debieran de pagar íntegramente… ¿No les parece un dispendio innecesario? En mi humilde opinión, creo que es un despilfarro de dinero público que no es infinito; porque en el caso del trayecto desde nuestra ciudad a Santiago el precio usual del tren es de 7,60€; con el de ida y vuelta se paga 12,20€. Ahí lo dejo… Hagan cuentas…

En segundo lugar, manifestar mi malestar públicamente, habiéndolo hecho ya antes por los cauces reglamentarios de Renfe, del descontrol en la conformación de viajes ya que, en los trenes que figuran como completos, van asientos sin ocupar. Doy fe porque cuando viajo en tren me encuentro con la misma papeleta y, hay gente que se queda en tierra y, en el mejor de los casos, esperando al próximo tren.

Al hilo de este último párrafo escrito contar el caso de una persona que conozco de Pontevedra que le pasó lo siguiente: llega desde el aeropuerto de Santiago vía Málaga para dejar a su hija que estudia allí y, se acerca a la estación de tren a eso de las 3 de la tarde… No tiene plaza en tren alguno hasta las 23 horas de ese día. En la taquilla son conocedores de plazas sin ocupar desde La Coruña a Pontevedra y desde Santiago a Pontevedra, pero, como las personas titulares de los abonos no los han cancelado, para Renfe siguen ocupados dichos asientos; por ello no le pueden vender el asiento vacío. Consecuencia, conseguir por los pelos una plaza en autobús; las cuales a su vez, son compradas in extremis al haber abonar el billete en la estación; ya que no pocas veces las personas que esperan viaje en la siguiente parada, es decir, en la avenida Rosalía de Castro, no pueden acceder al mismo por falta de plazas, lo que les repercute en una hora más, al menos, para conseguir asiento en el siguiente autobús. Es decir, el transporte por carretera está sufriendo las consecuencias de este descontrol.

Soy consciente de lo que se les ha venido encima, pero las medidas a tomar en los distintos escenarios que se pueden presentar ante una iniciativa de esta importancia económica y calado social, deben ser barajadas antes de ponerla en marcha.

Estamos a tiempo, mejor dicho, las autoridades pertinentes y las personas de la dirección de Renfe aún están a tiempo de solucionar este problema en este primer mes de uso de los abonos gratuitos.

Cuando todo está informatizado y, todas las personas usuarias del abono tenemos que dar nuestro nombre y apellidos en cada billete y trayecto, creo que no es difícil el saber quién va y quien deja la plaza vacía sin anular viaje porque es gratis y les importa un bledo. Yo a esa gente les haría pagar el viaje a precio usual y, de ser consecutivo y sin justificación alguna, les cerraría el abono y, sin poder volver a conformar ningún otro. Es como se aprende, por desgracia.

Por ello les ruego tomen en cuenta las solución más adecuada a esta problemática causada por la desorganización de, en principio una buena idea; porque lo que está acarreando es un descontento generalizado. Sin ir más lejos, hace una semana, en la estación de Santiago de Compostela hubo una especie de motín, ya que la gente que se acercaba a las taquillas, no pudiendo comprar billete, no quería dejar salir el tren de turno.

Pero la cuestión no queda ahí, ya que las plazas que van libres tienen que ser abonadas por el dinero de todos, lo que a mi juicio es una dilapidación de dinero público.

No va a ser fácil pero, no es imposible. Así que pongan remedio a este dispendio, a este despilfarro sin límite, al cual y con el aval de la RAE, lo adjetivo coloquialmente como "DESPILFARRO A GOGÓ".

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