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¡Hasta la peineta!

Sin ser tan soez como otras personas, manifiesto mi indignación ante la injusta desigualdad laboral entre hombres y mujeres, que por desgracia aún existe.

Poner límite al hartazgo, al cabreo, al enfado, o a cualquier tipo de desacuerdo ante esta desigualdad de género me parece preocupante; pero si hay que hacerlo se hace.

Si para algunas personas el límite se sitúa en los genitales femeninos, por lo pronto a mi este nivel, haciendo la aclaración que me refiero al objeto de ornamento que utilizo cuando la solemnidad del acto al que acudo lo requiere, lo sitúo en un ¡hasta la peineta!

Por lo tanto, mi furia ante la discriminación laboral de género en pleno siglo XXI la considero más elegante y educada que otras, y desde luego, de tamaño doble, por lo menos, a la que supone defienden las personas que secundan esta campaña; la cual, como mujer, considero de lo más desacertada.

No tengo ni la más remota idea cómo una agrupación política como el BNG dirigida por una mujer a la que, sin compartir sus idease tengo una alta consideración política, hubiese sucumbido al uso conceptual con el que los machistas refieren de forma despectiva a una parte del cuerpo femenino, y a su vez, aceptase que fuera el eslogan de esta.

Y por lo que he viso no solo es cosa mía, ahí están muchas declaraciones, y de personas de distinto tinte ideológico, incluso de la propia agrupación nacionalista, como el testimonio que esta semana dejaba claro una histórica del BNG, Pilar García Negro.

Hay que seguir luchando, y aunque este combate se visibilice un día al año, como el 8 de marzo, esta debe ser batalla de todos, y en todos y cada uno de los 365 días del año

Me imagino que habrá sido un lapsus, aún están a tiempo de rectificar; caso contrario la necedad impera, y ya no solo por el uso de ese término tantas veces utilizado como insulto, sino porque existe un colectivo de personas que, sin haber nacido mujeres se sienten como tales, y al no poseer ese órgano femenino, puedan haberse sentido excluidas en la defensa de sus derechos. Eso fue de las primeras cosas en las que pensé la primera vez que vi el cartel.

Porque imagínense ustedes, que, si difícil lo tenemos unas personas, otras lo tienen prácticamente imposible, y dejarles de lado, eso sí que ya no tiene calificativo.

Hay que seguir luchando, y aunque este combate se visibilice un día al año, como lo es el 8 de marzo, esta debe ser batalla de todos, y en todos y cada uno de los 365 o 366 días del año.

Por eso, aunque la respete, no pienso ir a una huelga que lo que hará, entre otras muchas coas, es que las mujeres tengan a propósito, su próxima nómina mermada. Y eso, precisamente es lo que yo no quiero.

Por otro lado, las manifestaciones me parecen flor de un día, aunque sean necesarias; y en especial en este país que somos mucho de protestar en la calle, en el bar, en los corrillos 'ad hoc' … Pero poco practicantes de hacer esa denuncia donde corresponde.

En España, además de protestar, tenemos la posibilidad de materializar nuestra denuncia a través de instrumentos públicos diseñados específicamente para evidenciar este problema en concreto. Para ello nos ampara la Constitución y el Derecho, además de, por ejemplo, diversas herramientas elaboradas por el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades.

Otra posibilidad legal es la delación ante la Inspección de Trabajo, que podemos hacer cualquiera que detectemos un caso de desigualdad, o incluso constitutivo de delito. Ese es un adecuado primer paso.

Es cierto que queda mucho por hacer, y por ello debemos caminar la sociedad al completo, acompañados por instituciones públicas y privadas, los sindicatos, las asociaciones profesionales, las empresariales, y utilizar como uno de los medios más adecuados, el ámbito del diálogo social, ya que es donde participan la mayoría de sus representantes.

Ese es el camino, en el que no cabe más límite que el respeto al derecho al trabajo, digna e igualitariamente retribuido que poseen las personas.

No caben retrocesos jocosos, ni insultos, ni usos de terminología machista a la hora de defender derechos laborales del colectivo femenino, tal y como aparecen en la campaña de los nacionalistas gallegos para este próximo 8 de marzo.

Pero en caso de tener que medir el nivel de desacuerdo sobre la situación laboral de muchas mujeres, prefiero utilizar la expresión, ¡hasta la peineta!

¡Hasta la peineta!
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