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Una mala condescendencia

Según la Real Academia de la Lengua, la definición del término condescendencia es el siguiente: “dícese de la actitud de la persona que se acomoda o adapta al gusto y la voluntad de otra”; y si conjugamos el verbo condescender en el tiempo del presente indicativo, nos encontramos con lo que sigue: “Yo condesciendo, tu condesciendes, él/ella/usted condesciende, nosotras/ os condescendemos, vosotras/ os condescendéis y finalmente, ellas/ellos condescienden”

Dicho esto, el Gobierno de España CONDESCIENDE; con indultos para no sé que reconducción ni de cuál diálogo, (a los hechos me remito, ya que las personas indultadas siguen “erre que erre” con las mismas intenciones que les llevaron a prisión); con la desvalorización y/o desacreditación de un organismo constitucional como el Tribunal de Cuentas, (ya que está dispuesto a condonar el despilfarro del dinero público por parte de los ex políticos presos y fugados que, dilapidaron casi 5 millones de Euros en una “quimera” con la que han aleccionado desde hace décadas a sus “huestes”); con los desatinos y desaciertos, sin parangón, desde el Ministerio de Asuntos exteriores; con la consiguiente confusión y artificio de la intención de plantear un referéndum “consultivo”, con el único objetivo de “seguir siendo el rey”, tal y como cantaba Vicente Fernández y mantenerse a toda costa en la Moncloa, pero … ¿A qué precio? … Como le dijo el “gran” Rufián al presidente Sánchez hace tres días en el Congreso de los Diputados… “denos tiempo…”

Pero, ¡claro está!, tras semejantes despropósitos, (por mucho que los quieran disfrazar), era necesario seguir caminando en la entelequia y hacer un hueco, cual brindis al sol con esa propaganda que desde la llegada al Ejecutivo español en 2018 nos ofertan desde la Av. Puerta de Hierro, s/n de Madrid, es decir desde el Palacio de la Moncloa. Así se ha vendido que desde el 26 de junio “fuera mascarillas en el exterior”, (yo lo celebré como nadie). Pero lo mejor hubiese sido anunciar su uso responsable tras esa necesaria medida de otra manera, ya que parece que no entendemos, mejor dicho, que algunas personas no han entendido.

En fin, si los que mandan condescienden de esa manera… ¿Qué podemos hacer con todas esas personas adolescentes que conforman el temible brote que ha partido de una descerebrada, incomprensible e insolidaria actitud fuera de todo cumplimiento de normas covid-19 en unos viajes de fin de estudios, y de las personas adultas que los han organizado, les han dado permiso oficial y las que se lo han consentido siendo menores en la inmensa mayoría de los casos?

Lo de este país no tiene remedio y sigue siendo diferente, tal y como acuñaba aquel eslogan publicitario de finales de los 60 Spain is different, en especial con el desacato de las normativas legales.

Tal y cómo pude leer en varios artículos de opinión esta semana, “no es que nuestro país sea mejor o peor que otros, simplemente es diferente. Igual navegamos con cara de buena gente hacia el ridículo y la sinrazón, que nos plantamos en la excelencia con orgullo ibérico. Oscilamos entre los extremos, nos odiamos cuando el Parlamento nos incendia y nos adoramos cuando la selección marca un gol. Pero siempre, tanto en las buenas como en las malas, hacemos tangibles los clichés: nos iremos de cañas, de tapas, de farra. Que no nos quiten los botellones, ni los viajes de fin de curso, que no se nos gaste la lengua por criticar a otras generaciones, a nuestros gobernantes, a los jueces. Por algo fuimos la envidia de la Europa confinada, porque Spain is different y aquí se viene a lo que se viene”

Y ahí estamos, en un punto de partida nada querido por la inmensa mayoría de la ciudadanía, tras tantos meses de sacrificio responsable en aras de la colectividad; y he dejado para el final la indefinible dedicación de nuestro personal sanitario, que, ¡como poco es de Matrícula de Honor!

Y comienzo por mi querida Galicia, y en especial y por cercanía con mi Pontevedra que me vio nacer, y en donde el ocio nocturno especialmente, tuvo un inicio ejemplar tras tanto tiempo de ruina económica, ahora de nuevo cerrado, y gracias a estos especímenes que, exactamente igual que ocurrió cuando finalizó el estado de alarma hace un año, se quitan la mascarilla a lo loco y sin pensar en los demás … Y ¡empieza la fiesta! Pues sí, un fiestón al que no debieron acudir dentro de un viaje al que no debieron ir; y es que además el fatídico día del concierto de la plaza de toros, en Palma de Mallorca había casi 36 grados (palabras textuales de una amiga que vive frente al “redondel”) y esta banda de irresponsables, que ya llevaban días de jaleo, comenzó a beber a las 12 de la mañana, y a la noche las asistencias por comas etílicos en el albero repleto de gente saltando, cantando y sin mascarilla, no fueron pocas.

Así alzando sus copas quizá en señal de rebeldía, abrazándose, besándose aprovechando este momento de celebración de final de curso y de una etapa estudiantil celebraban su libertad; pero la variante delta y “sucedáneos” ya estaba ahí, ya había entrado en la España condescendiente también con el relax fronterizo, y ese cóctel explosivo de increíble facilidad de transmisión del virus, de complacencia ante el ritmo de vacunación (por mucho que anuncien fanfarrias desde Moncloa, y sin que los jóvenes hayan sido inmunizados), y de relajación de las medidas impuestas a la ciudadanía crearon el caldo de cultivo perfecto . ¿Y ahora qué?, pues aguantarnos unos y de vuelta a casa otros tras una sentencia judicial que deja mucho que desear, y mucho virus que circular.

Sinceramente, y no es la primera vez que lo escribo y lo manifiesto tanto en público como en privado, si las autoridades competentes no toman cartas en el asunto de una vez por todas y no se funciona a golpe de sanción, este es el cuento de nunca acabar.

Les puedo asegurar que si a los progenitores de cada menor le pasan la factura de 957 euros diarios del hotel medicalizado, el viaje en el barco burbuja (y demás transportes), incluyendo una factura detallada con todos los gastos que cada una de sus hijas o hijos ha causado al erario público, y en caso de ser mayores de edad a cada una o uno de ellos con horas de trabajo a la comunidad (y si es sanitaria y con un EPI puesto mejor), les puedo asegurar que la siguiente no la hacen, servirían como ejemplo a los demás que se lo están pensando, y en este puñetero país (que nos está quedando de lo “más bonito”, ¡oigan!), dejaríamos, por el momento, de practicar UNA MALA CONDESCENDENCIA.

Una mala condescendencia
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