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Sinsentido

Cerré la pasada semana en La Coruña con un encuentro más que fructífero entre mujeres empresarias bajo la denominación “Emprendedoras no Camiño”. Este pasado martes se celebró una jornada intensa de análisis sobre “O Emprego do Futuro” en la Ciudad de la Cultura de Santiago, con un overbooking de asistencia que sorprendió hasta la misma Consellería de Economía, Emprego e Industria que lo organizaba. De nuevo, finiquito este pasado viernes con unas jornadas de trabajo sobre “Las Buenas Prácticas y Aprendizaje Mutuo en el Sistema Nacional de Empleo”, de nuevo en Santiago de Compostela, en donde participaron más de 80 especialistas en la materia con la asistencia de todos los directores generales de Empleo y Formación de todas las CCAA de España, del Gobierno de España y de la Comisión Europea. Eso sí que es hacer sociedad, eso sí que es preparar el terreno para la nueva Revolución Industrial y Económica que está llegando, y pensar en el futuro y en dar soluciones a los problemas de los ciudadanos.

Llegando el viernes de Santiago a mi casa y orgullosa del trabajo que se ha hecho desde distintas administraciones públicas en pro del ciudadano, ¡et voila!, me encuentro de nuevo con el sinsentido de dar problemas a la gente en vez de solucionarlos. ¡Esto es Pontevedra!

Pues sinceramente, el gobierno del Ayuntamiento de mi ciudad debería de mirarse al espejo, por ejemplo, del gobierno autonómico de Galicia, y facilitarle a los vecinos y vecinas la vida en vez de convertirla en un desatino continuo y en un cabreo constante inmerso en el caos del tráfico y, por ende, en el devenir cotidiano de los pontevedreses.

Quizá mientras unos miran al futuro para solucionar los problemas de sus administrados, otros juegan a ser Indiana Jones en busca del Arca Perdida. Dicho lo cual, no vaya a ser que esté escondida en Pontevedra y entonces nos reporte los beneficios necesarios para mejorar la vida de la ciudad. Aunque también quiero que sepan ustedes que, si ese magnífico acontecimiento se produjese, enmendaré mi error de desconfianza y enfado a todos estos agujeros, levantamientos de terreno como si de una explotación minera se tratase, lombos y fochancas que imperan en la ciudad que me vio nacer.

Por el momento me decanto por la opción de que quizá, las ansias de llenar de agujeros el desierto y demás tierras hostiles por parte de Henry Walton Jones Jr, así como el de brindarnos la posibilidad de participar en sus descabelladas aventuras, sea la intención del alcalde Lores; caso contrario, ni lo entiendo, y por supuesto no lo comparto.

La eterna remodelación de la Calle Virgen del Camino, el asfaltado de la rotonda en Reina Victoria, la prospección y consiguiente corte en la calle Cruz Roja, la desfachatez del carril único en parte de Eduardo Pondal con unas aceras interminables para, ¡no sé qué!; los cuatro lombos en el acceso a un hospital, que “ya no son sólo innecesarios e son sólo ineficaces sino que son contraproducentes y ponen en riesgo a los pacientes que van en las ambulancias”, en palabras del presidente local y portavoz municipal, Rafa Domínguez, que secundo absolutamente y añado, a todos aquellos pacientes que abandonen ese complejo hospitalario tras haber sido intervenidos quirúrgicamente y, camino a sus casas en coches o taxis, les produzcan lesiones de vital importancia. Créanme que se lo que digo, que la que les escribe, sudaba tinta china al tiempo que agarraba una buena cicatriz abdominal tras una operación que no viene al caso. Del rural ya ni hablo, porque es una desgracia que esté como está.

Y esto por citar alguno de los casos que nos toca soportar con resignación estoica al tiempo que con ganas de salir a la calle con un aparatejo de esos infernales que sirven para picar el asfalto y deshacer las atrocidades en el pavimento.

Pues debe ser que yo, como muchos otros, no tenemos las entendederas al nivel de los diseñadores de esos entorpecimientos usuales a lo largo y ancho de nuestra ciudad, al modo de aquellas trampas y obstáculos que el intrépido Indiana Jones debía de superar para encontrar sus preciados tesoros, y estamos absolutamente confundidos ante el interminable número de estorbos que debemos superar en nuestro proceder diario.

Pues queridas vecinas y vecinos de Pontevedra, habrá que pertrecharse con el kit aventurero de súper Indiana Jones, bien para ayudar a los que gobiernan en el consistorio municipal a encontrar,(nunca se sabe) el Arca Perdida en nuestro subsuelo; u opción b, que desde el ayuntamiento quieran transformar a Pontevedra ,dando un giro a su fantástico modelo de ciudad, en un parque temático al más puro estilo del Disneyland Resort con una de sus mayores reclamos, el Indiana Jones Adventure, que lejos de ser una montaña rusa o cacharrito típico de poca velocidad, te permite, al igual que en Pontevedra al subir y bajar un lombos, entrar a una atracción de alto riesgo y angustia.

En ambos casos en nuestra ciudad, la experiencia es totalmente única y verdaderamente emocionante, y bromas aparte, a veces lesiva para alguno de los pasajeros debido a su situación física personal.

Como vecina que acaba de pagar el desmesurado impuesto de contribución urbana hace unos días, reclamo al gobierno de mi ciudad raciocinio, seriedad, y visión de futuro como se hace en otras instancias de gobierno y administración.

Es más que de urgente necesidad el dejar de hacer experimentos con gaseosa; en primer lugar, porque el dinero público es finito y de todos; y en segundo y no menos importantes, porque hay que ponerse a trabajar por la ciudad, y dejar jugar a ser Indiana Jones, señor Indiana Lores, y terminar de una vez con este sinsentido.

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