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El espejo de Oesed

EL ESPEJO de Oesed es, según la mitología de J.K. Rowling, un espejo que muestra el más profundo deseo de la persona que se mira en él. El objeto descubre los anhelos de una persona sepa o no ésta cuáles son, sin embargo, según explicó Albus Dumbledore, «hay hombres que se han consumido ante esto, al no saber si lo que muestra es real o, al menos, posible». La selección española de fútbol ha estado, en los últimos tiempos, demasiado tiempo frente al espejo de Oesed. Y la imagen distorsionada que ofrece, como bien indicó el bueno de Albus, ha terminado consumiendo a jugadores, técnicos y aficionados.

Durante los últimos años hay un mantra que se repite día tras día y que a mí, personalmente, me chirría: «El estilo que nos hizo campeones». Cada vez que lo escucho, no dejo de preguntarme: ¿Pero qué estilo?

Si pienso en la España campeona de todo, con sus cambios y sus matices, pienso en Xavi, en Casillas, en Villa, en Torres. En Puyol. En Xabi Alonso. Incluso en Pedros, Fábregas o Capdevilas, cada uno con lo suyo. En un Iniesta que podía alargar su sinfonía hasta 120 minutos si hace falta. Y miro para ellos y no veo un estilo. Veo naturalidad.

Es injustísimo hacer comparaciones entre aquella selección y la que cayó derrotada ayer frente a Rusia. Injustísimo. Es improcedente y está totalmente fuera de lugar. Villa es el máximo goleador de la historia de la selección; Torres, tercero en esa lista, fue balón de Bronce -aunque crea más bien poco en esos premios- en 2008. Iniesta y Xavi son leyendas del fútbol a nivel mundial. Y podemos seguir, pero lo mejor es que todos coincidieron, más o menos, en el mejor momento de sus carreras. Eso no es el «estilo de España», es una generación increíble de futbolistas que jugaban a lo que sabían. Ni más ni menos. Les salía así, y fueron imparables durante tres competiciones consecutivas, que se dice pronto.

El «estilo inconfundible de España» es una mentira. Es un reflejo del espejo de Oesed. Porque ni Isco es Xavi, ni Silva e Iniesta son los de 2010, ni el fútbol es incapaz de defender el juego de apabullante posesión. Por eso, cuando se dice que Diego Costa no pega con el estilo de España, o que Aspas no encaja, o que Saúl no se ajusta.. ¿A qué no se ajustan? ¿Al Xavi Hernández de hace diez años? ¿A Zarra?

La cuestión (creo) es que España, más allá del ruido extradeportivo, es incapaz de quitar la mirada del maldito espejo y conseguir una identidad propia. Anhela algo y sueña con alcanzarlo. Y eso que se muestra reflejado no es ya que sea o no real. Es que a lo mejor no es ni posible.

El espejo de Oesed
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