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La chispa se apagó

EL PONTEVEDRA concluyó la primera vuelta de la temporada entre los cuatro primeros clasificados del Grupo I y el entorno granate soñó con el play-off. El objetivo inicial de la temporada, la permanencia, ya sabía a poco. Los futbolistas granates, muchos de ellos novatos en la categoría y otros con escasa experiencia en la misma, se habían adaptado con insospechada facilidad a los requerimientos de la competición. El ritmo de juego del once de Luisito era impresionante, y su juego, veloz, intenso, vertical y espectacular. El Pontevedra superó las expectativas y dentro del propio club, con buen criterio, intentaron dar un paso adelante con la incorporación de tres buenos futbolistas a la plantilla. Sin embargo, viendo el juego y el trabajo del Pontevedra durante los primeros meses, no era difícil sospechar que el equipo sería incapar de mantener su elevado ritmo durante mucho tiempo. Y así fue que, entre lesiones, enfermedades, sanciones y perversos golpes del destino -como el partido bajo el diluvio de Santiago- el conjunto granate fue bajando su rendimiento. Habrá quien creerá que el colectivo se ha relajado o que la preparación ha sido deficitaria. Al contrario. Ni se han relajado ni ha habido un mal trabajo de campo. Si no fuese por esa exigencia física y también mental a la que Luisito y Roberto Valdés sometieron a la plantilla, el Pontevedra no había realizado la primera parte del curso que hizo, ni habría tenido la explosividad que lo llevó al límite del milagro. El inicio fue tan positivo que no faltó la ilusión, ni la creencia de que el PCF llegaría lejos: lo pensaban hasta dentro del club y del vestuario. Sin embargo, la plantilla ya no tiene aquella chispa que la hacía arrolladora y ahora pelea por un quinto puesto que puede resultar decepcionante, pero que solo merecería la catalogación de sobresaliente.

La chispa se apagó
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