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La mofa de la providencia

Cuando el juego y los resultados no acompañan a un equipo como el Pontevedra, la suerte también acaba castigándolo

HABÍA APOSTADO diez euros a que Vettel ganaba el Gran Premio de Italia de Fórmula Uno con una diferencia de entre cinco y diez segundos. Durante toda la carrera el alemán se movió en esos márgenes. Comenzó la última vuelta con siete y medio sobre Webber. Yo saboreaba mi triunfo, 45 euros de premio. Pero en la línea de llegada Vettel frenó para celebrarlo delante de su equipo y el segundo clasificado cruzó la meta a 2'7 segundos. Días después aposté porque el Real Madrid y el Brose Basket encestaban más de 170’5 puntos entre ambos en su partido de la Euroliga de baloncesto. A 35 segundos del final se habían conseguido los 170 puntos. El Brose falló. El Real Madrid, que tenía el partido ganado con suficiencia, cogió el rebote y, con 20 segundos para la conclusión, se negó a atacar. Después de aquellos dos sucesos descubrí dos cosas: que la suerte existe y que debía dejar el mundo de las apuestas.

La confirmación a mis sospechas llegó cuando un amigo, a quien llamaremos monseiur Loco, sumaba respetables sumas de dinero acertando con regularidad pronósticos imposibles, como la identidad del primer goleador en partidos de fútbol cuyos futbolistas solo conocían los familiares de los mismos y el propio Don Loco. La suerte existe y afecta también al fútbol. Y la del Pontevedra no está siendo buena (oigan, que este domingo no fue ella). El karma, que en momentos puntuales del curso pasado pareció el aliado número uno de los de Luisito, se ha vuelto contra ellos, que padecen lesiones, problemas diversos y encima sufren desgracias en finales de partido imposibles.

Tampoco hay que ser ingenuos. La suerte solo es un condimento. No conviene obviar los defectos y los errores de los granates, desde la alta dirección hasta el último de los futbolistas. Pero cuando las cosas vienen mal dadas, hasta la providencia se mofa de uno.

La mofa de la providencia
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