Opinión

Muy personal

LOS CURSOS de defensa personal para mujeres que anuncian por estas fechas seguro que son un gran entrenamiento, pero sí que desasosiegan. Significan, por una parte, que el nivel de abuso y violencia sigue en niveles intolerables y, aunque solo sea por prevención, deben prepararse para una reacción violenta. La otra inquietud, como periodista, es que no nos enteramos o solo llegamos a saber del maltrato machista en los ámbitos con menos medios para mantener la privacidad de estos sucesos. La instrucción para repeler ataques habla de un iceberg más profundo que la indignación en Twitter, las coloridas manifestaciones o los memes y estadísticas. Sobre todo porque algunos estudios apuntan a un porcentaje mayoritario de maltratadores que posee estudios universitarios y los perfiles son cada vez más jóvenes. Creo que la violencia machista no es un problema de agresividad sino de creencias, ideológico. Hubo un tiempo, hace cien años, en que las mujeres se sobrepusieron no solo al feroz patriarcado sino que eran ellas las que incluso se ponían detrás de la pancarta a reivindicar conquistas sociales que hoy vuelven a estar en retroceso. Se expusieron a los palos oficiales, sin cursos de defensa personal y por pura supervivencia (sus maridos no podían permitirse perder el empleo). Hay varios casos en la historia lucense. Hoy no debemos ocultar la lacra ni volver a ese pasado de la mujer complementaria.

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