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Deshielo de la Antártida

Aunque los negacionistas afirmen lo contrario, evidencias múltiples de la mala salud del planeta las encontramos de forma cotidiana. Un renqueante estado donde, a diferencia de lo acontecido en otras ocasiones, juega un papel decisivo la intervención humana. Bien conocidos son los problemas manifestados por el Ártico en las últimas décadas. A ellos se ha sumado ahora quien parecía gozar de una mejor forma, la Antártida. Hace unos días, coincidiendo con la reunión celebrada en Praga por los miembros del Tratado Antártico, la portavoz de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Clare Nullis, informó que la extensión de la capa de hielo de la Antártida -si se me permite la licencia, el generador de aire acondicionado del planeta- en mayo fue la más baja desde la existencia de registros por satélite. en los últimos cuatro años se ha asistido en la Antártida a una disminución sin precedentes de su capa de hielo. el proceso se ha acentuado a partir de 2014. Desde entonces la Antártida ha perdido tanto hielo marino como el Ártico en 34 años. 

Los estudios venían alertando en los últimos tiempos sobre lo confirmado ahora. Para una visualización, un buen punto de partida es el artículo publicado en Nature por David Pollard –universidad estatal de Pensilvania- y Robert DeConto –universidad de Massachusetts Amherst- en 2016. Hace justo un año, en julio de 2018, el consorcio científico internacional IMBIe, formado por 44 instituciones de 14 países -entre ellas la NASA y la Agencia Espacial Europea-, analizaba los datos de 13 satélites y publicaba igualmente en la prestigiosa Nature el impactante estudio: Mass balance of the Antartic Ice Sheet from 1992 to 2017. Su principal conclusión, la aceleración del deshielo antártico -mayor en la Antártida Occidental que en la Oriental-. Las estimaciones de la Academia Americana de Ciencia (PnAS) hechas públicas el pasado 1 de julio siguen la misma tendencia. La Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) celebrada entre los días 1 y 11 del presente mes en Praga ha abundado en lo mismo... 

Hace unas semanas fue protagonista en los medios de comunicación mundial el colapso VIP acontecido en la cumbre del Everest por toda una legión de “alpinistas” de determinado tipo. La reunión, antes citada, del Tratado Antártico también ha alertado de otra de las ocurrencias de los humanos: el turismo de alto “standing” con destino final en la Antártida. Su cifra multiplica por varios dígitos al de los científicos que allí trabajan. Aunque pueda costar creerlo, unas 56.000 personas visitaron el año pasado el continente helado. Por contra, 4.400 son los científicos que desarrollan su labor durante el verano austral. Permítaseme entonces un ejercicio para intentar una aproximación al desvarío humano. Si tomamos a los 4.400 científicos como el 100% teórico de presencia humana en la Antártida, ¿qué tanto por ciento representan los referidos 56.000 “turistas polares del sur”? Junto con el ascenso a la cima del Everest, es de lo más “cool” que existe en la actualidad. 

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