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El libro educativo en España

El mes de septiembre ha llegado y con él uno de los grandes clásicos del período. De nuevo adquieren todo su protagonismo y esplendor las genialidades de los libros de texto de la enseñanza no universitaria. Como en años anteriores, hemos conocido varias de las consecuencia generadas por el reino de taifas constituido por 17 sistemas educativos diferentes de la mano de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (Anele) y su informe: "El libro educativo en España. Curso 2019-2020", para la presente ocasión. También de un cúmulo de grandiosas aportaciones, traducidas en muchos casos en presiones a los editores, de los responsables político-educativos de las comunidades autónomas. Toda una magnífica atalaya para contemplar su enorme bagaje intelectual y cultural.

En la presentación del informe, los dirigentes de Anele denunciaron los considerados por ellos como "mecanismos bastardos" utilizados por los responsables autonómicos para que los libros de texto a utilizar por los jóvenes "digan lo que ellos quieren y no lo que la ciencia dice". Algunas de las "ocurrencias" de los políticos son de auténtica aurora boreal. Como consecuencia, la contribución catalana podríamos considerarla la más "razonable", pues obedece a criterios ideológicos. Otras, ni eso tienen.

Según los responsables educativos de la Generalitat, frente a la inexistencia de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se alza el rutilante protagonismo de la Corona Catalanoaragonesa —institución, esa sí, inexistente documentalmente—. Atención especial les merece sacar a los jóvenes del craso error de hablar de Wifredo el Velloso, cuando en realidad era Wifredo el Piloso. Los canarios presionaron para hacer desaparecer la definición de los ríos como "grandes lugares de asentamiento y civilización", pues como en Canarias no existen, serían un pueblo sin civilizar. La Comunidad Valenciana censuró la destacada figura de Fernando Lázaro Carreter. Su delito, considerar al valenciano un dialecto del catalán. Todo un ejercicio de democracia.

Algunos editores las tuvieron "tiesas" con responsables de la Junta de Andalucía por no haber incluido en un libro de Música a uno de los principales instrumentos musicales mundiales, el tambor rociero. Otras presiones tuvieron como objetivo convertir a los azulejos de la Alhambra en el vehículo de aprendizaje de la Geometría. Hasta las cajas de cambio de los coches sufrieron un revolcón y en la FP de Castilla-La Mancha, de modo inaudito, debieron adaptarse a la realidad autonómica.

Posiblemente la mejor síntesis de este aldeanismo diferenciador la encontramos en la viñeta de Idígoras y Pachi. Una chica y un chico de diferentes autonomías hojean sus respectivos textos y al encontrar una coincidencia gritan al unísono sorprendidísimos: "¡¡Increíble. Pone que 9 x 5 = 45!!". Semejante pandemónium de las 17 taifas conlleva un fuerte encarecimiento de los textos. Según Anele, si 51.528 fueron los títulos editados para el curso que comienza, 450 textos normativos leyes, decretos, órdenes, circulares...— vieron la luz en los últimos tres años.

El libro educativo en España