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Pobreza y rentas mínimas

A PESAR DE la grandilocuencia de múltiples datos oficiales portadores ellos de la existencia en la España actual de una bonanza económica, la realidad social es otra bien diferente. Estudio a estudio, informe a informe, análisis a análisis..., todos inciden en la dramática situación de un amplísimo sector de la sociedad española. Como no podía ser de otro modo, esa es la conclusión del informe 'Pobreza y rentas mínimas' aparecido hace escasas fechas. Utilizando datos de 2017 —los últimos existentes sobre la materia sometida a estudio— Funcas, la responsable del análisis, incide, entre otras cosas, en algo bien conocido si no se portan anteojeras, España ocupa uno de los primeros puestos europeos en población en riesgo de pobreza y de exclusión social.

Aunque resulte inaudito, ser pobre en España presenta unos matices y grandes diferencias según el lugar donde viva el afectado. De tan pasmosa situación son responsables los 19 reinos de taifas, las 19 normativas diferentes —no 17, pues en este caso a las comunidades hay que añadir dos ciudades autónomas— responsables de garantizar una renta mínima a cada ciudadano y garantizar su inclusión laboral. Dentro de la precaria situación no es lo mismo vivir en el País Vasco o Navarra y percibir 672,70 euros en la primera y 600 en la segunda, a residir en la Comunidad Valenciana o Ceuta y recibir 388,50 y 300 euros respectivamente.

Las tres comunidades y la ciudad indicada conforman los extremos de la lista de quienes viven en el filo de la navaja de la pobreza y la exclusión social. Aunque sea una simple anécdota, una buena demostración de la situación generada por la fragmentación territorial, por las taifas, se concretiza en el variopinto rosario de nombres recibido por la ayuda. Ni algo tan elemental son capaces de unificar. En lo referido a Galicia, las noticias son pésimas. Por comunidades autónomas nuestros 403,40 euros nos sitúan en el pódium de la cola —tercer lugar—. En el caso de contabilizar las ciudades autónomas, subimos un peldaño y quedamos los cuartos peores.

La evolución de la renta mínima es una óptima atalaya para visualizar la evolución de la economía española en la última década. De 2007 a 2017 el número de perceptores de este mecanismo de subsistencia se ha triplicado. Si en la primera fecha eran 103.071 los titulares, en la segunda la cifra alcanzó el número de 313.291. Aunque la situación ha mejorado levemente en los últimos años, la traducción real indica que hace algo más de un año era el asidero de casi 800.000 españoles/as.

El futuro depara un horizonte de negros nubarrones para un importante sector de la sociedad española. Más de medio millón de conciudadanos nuestros de más de 50 años forman parte del ejército de parados de larga duración. Son el 42% del mismo. La inmensa mayoría quiere trabajar, pero sus posibilidades de encontrar empleo son mínimas y posiblemente deberán ampararse en la citada ayuda. Cuando se jubilen, muchos engrosarán otro grupo en exponencial crecimiento: los pensionistas de menos de 600 euros. En el vecino Avión ya son mayoría.

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