Opinión

El día de la '10'

En un domingo marcado por el histórico triunfo de Messi con Argentina, Yelko Pino también se empeñó en honrar la mística de esa camiseta
Cacharrón abraza a Yelko Pino tras la victoria del Pontevedra CF en Algeciras. ADG MEDIA
photo_camera Cacharrón abraza a Yelko Pino tras la victoria del Pontevedra CF en Algeciras. ADG MEDIA

Les confieso que a la hora de ponerme a redactar estas líneas, el partido del Pontevedra en Algeciras ya me queda demasiado lejos. Casi en lo único que se focaliza mi mente es en la fabulosa final del Mundial entre Argentina y Francia. Por partidos así de emocionantes el balompié es tan extraordinario. 

No hay nada más icónico en el fútbol que un Mundial. Y ver a Messi levantar esa copa dorada tuvo algo de reconciliación con un deporte que en ocasiones, en muchas ocasiones, es de todo menos ecuánime. Que Lionel tenga ya el único trofeo que le faltaba es justicia poética. Sea uno del Madrid, del Barça o del Zaragoza. Esto no puede ir de colores, sino de amor por el balompié. Y nadie ha mimado tanto y durante tanto tiempo la pelota como Lío.

Messi heredó en la Argentina una camiseta que pesa como el plomo. La 10. Porque fue la que vistió otra leyenda como Diego Armando Maradona. Su sombra era muy alargada. Pero en el último tiempo, Messi ha logrado sacudirse ese lastre y superar la única barrera que ejercía como argumento para negar que su figura es todavía más grande que la del Diego.

Maradona, como antes Pelé o Puskas y luego Platini, Baggio, Zidane, Messi o el propio Mbappé, han ayudado a elevar el número 10 a un estatus de grandeza. Todos ellos la vistieron y gracias a ellos, todavía se sigue asociando ese dorsal al talento y al liderazgo.

Salvando las distancias, todo eso fue ayer también Yelko Pino, que el pasado verano dejó atrás el 19 para enfundarse el icónico número. El vigués, que llegó rebotado a Pontevedra, se ha reencontrado consigo mismo en la ciudad del Lérez. Fue clave en el ascenso. Y no solo por talento, sino por liderazgo dentro del campo. Y este curso, con sus más y sus menos, está siendo de nuevo importante. En Algeciras, ante su exequipo, fue absolutamente desequilibrante y firmó un partido redondo.

En un fútbol ya absolutamente mercantilizado, ver a los que llevan la 10 brillar en el verde le permite a uno seguir confiando en que el balompié no ha perdido, del todo, su romanticismo.

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