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El vestuario, incrédulo

PASARÓN NO es el que era. O al menos el que se espera que sea. Ya no se trata solo de los pobres datos de asistencia, sino de la escasa animación. En el estadio pontevedrés hace meses que se escucha, mayoritariamente, un silencio solo roto por los gritos de los jugadores. Y, a veces, también por los silbidos o los ánimos.

Un par de temporadas atrás, el club y las peñas tuvieron una serie de acercamientos para promover la unidad entre ambas partes y generar un movimiento común de los colectivos en pos de crear una especie de grada de animación. Sin embargo, tras un par de partidos de relativo éxito de Norte 1941, la iniciativa se quedó en agua de borrajas por disputas internas.

El ‘enfado’
Los silbidos del pasado domingo no sentaron nada bien. No saben qué más se exige

Desde entonces, en Pasarón apenas se anima salvo en contadas excepciones. Y prácticamente la única animación llega desde el Fondo Norte, una grada en la que muchos integrantes están enfrentados con la cúpula directiva. A las banderas de unos se responde con actuaciones de la Policía o de la seguridad privada para evitar símbolos que pueden gustar o no, pero son democráticos. Y a estas prácticas, los otros responden con cánticos contra la presidenta.

Incomprensión
Los veteranos tratan de explicar a los más nuevos qué pasa, pero ni ellos mismos lo entienden

Toda esta situación de tensión y crispación, que desemboca en desazón y desarraigo, afecta única y exclusivamente a los jugadores. Lo cierto es que el vestuario está incrédulo con el ambiente que se vive en Pasarón. El silencio sepulcral, aunque no lo crean, afecta a alguien que espera que en su casa, con la temporada tan avanzada y la ilusión por el play-off todavía vigente, se oigan ánimos. Los veteranos tratan de explicar a los más nuevos lo que está pasando. Pero ni ellos mismos lo entienden. Esperaban que en estos partidos la gente se enganchase en mayor número. Pero sobre todo, esperaban más ambiente. Y desde luego, con lo que no contaban era con los pitos del pasado domingo. Los silbidos no han sentado nada bien a la mayoría de los jugadores, que no comprenden qué más se les exige. Y no es la primera vez que pasa, como al inicio de la segunda vuelta, cuando los delanteros fueron señalados por parte de la grada.

De hecho, en la rueda de prensa del domingo, el propio Luismi no dudó en dejar entrever su enfado. La cara del técnico era de funeral. Todo después de haber ganado, aun jugando mal. Sus palabras acerca del "silencio" que se escuchó en el estadio tras el empate del Guijuelo lo dicen todo. El técnico resumió el sentir del vestuario, que espera ver un Pasarón no tan vacío y triste en los últimos tres partidos y volver a generar la comunión que, no hace tanto, existía.

El vestuario, incrédulo
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