El mar devorará hasta seis metros de playa en las Rías Baixas a final de siglo

El mayor impacto del efecto invernadero se producirá en los arenales más abiertos al océano, debido a la progresiva subida del nivel del agua y a la contundencia de las olas. El interior de las rías tendrá un efecto paraguas, pero la línea de costa también sufrirá importantes cambios
Impacto en las playas de la subida del nivel del mar, medido en toallas. J.M.
photo_camera Impacto en las playas de la subida del nivel del mar, medido en toallas. J.M.

No hace falta ser un experto para tener claro que el calentamiento global es inequívoco, que la influencia humana en el sistema climático es clara y que los futuros cambios plantean riesgos para la humanidad y el medio ambiente.

Una de las consecuencias más comentadas –y debatidas– es la paulatina subida del nivel del mar, un efecto que se viene apreciando con mayor nitidez desde mediados del siglo XX pero que se acentuó en los años 90, manteniendo un incremento exponencial.

El Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria ha elaborado, por encargo del Ministerio de Medio Ambiente, una exhaustiva radiografía de los 7.883 kilómetros de costa que tiene España, de los que 1.720 corresponden a Galicia. En ese estudio se tienen en cuenta factores como las mareas (astronómica y meteorológica), el oleaje, el viento y la subida del nivel del mar para llegar a unas conclusiones muy precisas con las que dibujar escenarios futuros.

Para que sus predicciones sean aún más fiables, los catedráticos y expertos que integran el grupo de trabajo barajaron dos trayectorias de concentración representativas (RCP, por sus siglas en inglés), que son los baremos utilizados para medir la concentración de gases de efecto invernadero: la RCP 4.5 se ciñe a un contexto medio-alto y la RCP 8.5 corresponde a un escenario extremo, al que se llegaría si no se aplican con urgencia medidas correctoras.

Uno de sus vaticinios más sorprendentes es que los océanos crecerán del orden de medio metro hacia finales de siglo. Este incremento en altura multiplicará la incidencia en longitud, lo que se conoce como cota de inundación en las playas. Este impacto no será igual en todas, pues dependerá de elementos como su pendiente, su arena, su línea de costa, las mareas vivas que registre la zona, su ubicación...

Diferente impacto en las playas de las Rías Baixas

Bañistas en una playa pontevedresa. GONZALO GARCÍA (ADP)
Bañistas en una playa pontevedresa. GONZALO GARCÍA (ADP)

En lo que respecta a los arenales repartidos por los 300 kilómetros de costa de las Rías Baixas, el mayor impacto se lo llevarán los que se encuentran más abiertos. En esos casos, el informe prevé que el agua llegaría a devorar cerca de seis metros de arena.

Las consecuencias se mitigan cuanto más protección ofrezca el sinuoso litoral. En las playas más recogidas se quedarían en algo más de tres metros, una cifra que los expertos siguen considerando muy preocupante.

Porque ya no es solo cuestión de perder espacio para tomar el sol, sino que la línea de costa (donde se acaba la arena y la vegetación) no aumentará –al menos, no de forma tan acusada– lo que se traducirá en que la superficie de las playas se achicará.

A mayores, cabe tener en cuenta que el mar marca el nivel base de los ríos. Si sube, los ríos también, lo que puede empeorar los efectos de las crecidas. Una realidad que será especialmente grave en aquellas zonas proclives a inundaciones.

La explicación es que si el nivel del mar sube, es muy posible que el agua salada acceda a un acuífero subterráneo y lo contamine. Lo mismo ocurre en las desembocadura de los ríos. Si se combina este efecto con unas bajas precipitaciones (como las que se preveen en España hacia 2100) el resultado es un problema en las fuentes de agua dulce, lo que repercutirá en los hábitos de la población y obligará a desplazamientos masivos.

Agua más caliente y mar más elevado

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) es el escenario creado para que las administraciones analicen el impacto, la vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático. Su objetivo es trasladar sus conclusiones a medidas efectivas, sobre todo en los entornos ecológicos y socioeconómicos.

Las zonas costeras figuran como uno de los territorios prioritarios, puesto que entre los efectos que se pronostican a corto-medio plazo por el cambio climático están un progresivo calentamiento del agua y una subida patente del nivel del mar a medida que avance el siglo XXI. Por todo ello, se hace prioritario progresar en medidas que permitan anticipar su adaptación desde la planificación y la gestión costera, necesarias para minimizar dichos impactos.

Análisis: gases invernadero, calor y temperatura del agua: un peligroso cóctel de efectos devastadores

El deshielo de glaciares tiene un efecto directo sobre el nivel del mar. DP
El deshielo de glaciares tiene un efecto directo sobre el nivel del mar. DP

Uno de los principales desencadenantes de la subida del nivel del mar es la expansión térmica del agua. La descontrolada industrialización de las últimas décadas trajo consigo que se generasen unos gases altamente tóxicos que quedaban almacenados en la atmósfera, causando un efecto invernadero e impidiendo que el planeta respirase. Esta acumulación derivó en un calentamiento que también tiene efectos sobre el agua de los océanos, que ha acabado expandiéndose, se dilata, lo que produce una subida.

El otro factor clave proviene del regreso de agua que antes estaba congelada. Vuelve al mar y aumenta su cantidad. Aunque se ha asegurado que el derretimiento del Polo Norte es lo que está echando más agua al mar, los científicos lo desmienten.

Al ser hielo flotando en el océano, el espacio que desplaza lo compensa al derretirse con un menor volumen (se puede comprobar con un experimento casero metiendo un cubito de hielo en un vaso lleno de agua). Dicho de otra forma, los icebergs que ya pululan por los océanos ya han elevado el nivel del mar y que se derritan no va a modificar esas medidas.

El hielo al que temen los científicos es el que está sobre los continentes, el hielo posado, que no está desplazando el agua marina, como el de Groenlandia. Lo mismo podría decirse de los glaciares.

De la primera ya se conoce su evolución. La gran incógnita para diseñar predicciones más fiables está en la Antártida Occidental, puesto que su comportamiento es tan complejo que cualquier pequeño cambio en la temperatura afecta mucho a los hipotéticos escenarios.

Y a pesar de que todos coinciden en que cualquier cambio será muy lento –se habla incluso de siglos–, también resaltan que, aunque se dejase de emitir gases invernadero hoy mismo, el nivel del mar seguiría subiendo poco a poco durante los próximos años.

El estudio elaborado por el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria concluye que las proyecciones climáticas para el nivel medio del mar muestran un aumento a corto plazo (periodo 2026-2045) de entre 0.13 y 0.17 metros en las costas españolas, para ambos escenarios climáticos (RCP 4.5 y RCP 8.5).

Sin embargo, el incremento a largo plazo (periodo 2081-2100) varía en función de esas variables. Mientras que para la primera se estima un ascenso de entre 0.38 y 0.5 metros, para la segunda se prevé una subida del nivel medio del mar de entre 0.52 y 0.68 metros respecto a los valores analizados, tomados entre los años 1986 y 2005.

El calentamiento y los icebergs

Las masas de hielo que pueden derretirse y subir el nivel del mar son los pequeños glaciares de montaña y los grandes actores de esta ecuación: Groenlandia y la Antártida.

Los múltiples glaciares repartidos por el mundo ya se están derritiendo y desaparecerán en las próximas décadas. Pero si Groenlandia se fundiese por completo, elevaría el nivel del mar entre 6 y 7 metros. Es decir, un hotel en primera línea de playa quedaría sumergido hasta la segunda planta.

Sin embargo, los estudios coinciden en que eso tardaría cientos o miles de años en producirse. Lo mismo que en la Antártida. Pero si la temperatura del agua sigue aumentando, esas gigantescas masas de hielo empezarían a derretirse más rápidamente. Y ahí sí que habría un serio problema.

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